Alucinación y percepción

Una forma habitual y problemática de definir la alucinación es la de "falsa percepción" o "percepción sin objeto".

En condiciones "normales", se sostiene, lo que percibimos está vinculado a lo que realmente existe, fuera y dentro del organismo.

La alucinación, se sobrentiende, es la consecuencia de estados mentales alterados, por efecto de tóxicos, enfermedad mental, falta de sueño o deprivación sensorial.

Para los neurofisiólogos, la alucinación es un componente inevitable de la construcción de percepciones. De otro modo, no entenderíamos el significado de la realidad. Sólo percibiríamos ruidos, luces y sombras, agrupadas de forma confusa.

El proceso alucinatorio perceptivo puede añadir o sustraer contenidos a lo aportado por los sentidos. El cerebro retoca poniendo y quitando.

Un infarto de miocardio genera señal nociceptiva que el cerebro puede despreciar (alucinación de carga negativa) y bloquear así la percepción de dolor.

- Tiene usted un infarto. ¿No le duele?

- Pues no. ¿Cómo puede ser que no me duela?

- Su cerebro desprecia las señales de peligro de su corazón y, por razones que ignoramos, ha decidido ocultarle la información. Es una alucinación inversa: ausencia de percepción, con objeto (necrosis). Sucede a veces. Es más frecuente lo contrario: percepción de dolor sin objeto (necrosis). Sería la alucinación "clásica".

- ¿Quiere decir que mi analgesia es psicológica, que me niego a reconocer el infarto, que lo oculto o... sugiere que no ando en mis cabales...?

- En absoluto. Simplemente, que el cerebro tiene razones que no siempre captamos.

- ¿No va a darme nada para tener dolor? ¿No es peligroso estar así, desprotegido...?

- Afortunadamente hemos identificado el infarto a pesar de la alucinación inversa cerebral. No se preocupe. Es como si le hubiéramos conectado a un cerebro artificial. El electrocardiograma nos informa de lo que su cerebro le oculta.

Las percepciones no pueden clasificarse en falsas y verdaderas. Todas son verdaderas. El dolor sin necrosis, y la ausencia de dolor con necrosis son estados perceptivos (el silencio es una percepción) verdaderos que expresan una evaluación cerebral. A partir del momento de su irrupción en la conciencia se produce la atribución de significado.

El significado, la atribución, la interpretación de lo percibido (incluido el silencio) puede ser verdadero (se ajusta a la realidad) o falso (es una construcción imaginativa, probabilística errónea, del cerebro).

En el dolor sin necrosis la interpretación de "esto no es normal, algo tengo que tener..." es errónea.

En la necrosis sin dolor, la interpretación de "me encuentro como nunca, no siento ningún dolor..." es también errónea.

En el dolor sin necrosis, el encendido del programa de alerta nociceptiva frente a necrosis potencial, permite, a través de la alucinación de daño, captar la atención del paciente sobre un supuesto estado, que no se corresponde con la realidad. El individuo debería saber que se trata de una falsa alarma y disolver la percepción alucinatoria de daño con una inyección confiada de: " ya está mi cerebro con las alucinaciones..."

El vértigo es una alucinación de movimiento del entorno aunque este no se mueva. La percepción de movimiento es verdadera, el mundo se percibe como algo giratorio pero el mundo no se mueve. Nadie debiera incomodarse por hacer esa precisión.

Existe la percepción de movimiento y la de amenaza de necrosis. El movimiento y la necrosis activan señales en sensores de movimiento y necrosis. Estas señales permiten que tengamos noticia de que nosotros y/o el mundo se mueve y que a veces nos hemos dado un coscorrón o padecemos una sinusitis aguda.

El cerebro no es infalible y su furor anticipativo hace que, en ocasiones, nos confunda con sus previsiones alarmistas, moviendo el mundo y encendiendo el dolor aunque esté todo quieto e indemme.

No hay percepciones falsas sino falsas interpretaciones de lo percibido...

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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