Apoptosis

Las células del organismo tienen el sustento y el cobijo garantizados (seguridad social) pero su vida pende de un hilo, no sólo por la presencia potencial de agentes y estados destructivos térmicos, mecánicos, químicos e infecciosos sino por el exigente control de calidad y seguridad impuesto por el propio organismo.

Para serle concedido el permiso de residencia, para ser tolerada y tutelada cada célula debe garantizar que cumple eficazmente con su trabajo, que se reproduce sólo lo justo (control de natalidad) y que cuando lo hace las copias del material genético son correctas (eugenesia).

Ante la mínima incertidumbre sobre deficiencias en eficacia y seguridad, se activa un programa de muerte controlada cuyo resultado es el desmantelamiento cuidadoso de la peligrosa química intracelular de la célula señalada. El programa de muerte controlada se puede poner en marcha por decisión de la propia célula al detectar la imperfección (suicidio-inmolación altruista) o por el sistema inmune si detecta señales de peligro expresadas en la membrana.

El sistema inmune activa el programa también con visión de futuro. Los leucocitos que acuden a un foco necrótico resultarán probablemente dañados en la arriesgada tarea de remover el peligroso material de la necrosis. No se espera a ver su estado en el hospital de campaña cuando vuelven del campo de batalla. De hecho no hay hospitales ni médicos celulares. Sólo control de calidad y garantías. A los leucocitos que han contactado con la pestilencia necrótica se les presupone peligrosamente tocados y se decide que lo mejor para todos es que fallezcan (programada y controladamente) en acto de servicio. Serán autoinmolados por decisión ajena: "he ordenado que te suicides".

Hay varios programas de muerte celular controlada. El más conocido es la apoptosis. Es un palabro griego que significa: "caída de la hoja".

Los árboles deciden desprenderse de sus hojas cuando éstas reciben más que lo que pueden dar. Desactivan los hilos del cordón umbilical y basta una ligera brisa o el propio peso de la hoja para que caigan el suelo en Otoño. La apoptosis no hace sufrir al árbol sino que lo libera de la pesada carga de aportar recursos a algo inútil.

La apoptosis celular, al igual que la caída programada de las hojas, es rentable y no provoca reacción defensiva (inflamación). El organismo se libra de individuos celulares seniles, enfermos o simplemente inciertos o innecesarios. Nadie comerá la sopa boba. Sólo hay rancho para los individuos celulares eficaces y seguros.

La muerte programada (apoptosis) está sometida a evaluación, es decir, a error. El organismo puede equivocarse (nada biológico es infalible) y generar muerte programada en tejidos sanos y aptos para el servicio.

Al organismo se le va la mano cuando olfatea en sus individuos peligro actual, inminente o imaginado o, simplemente, ineficacia actual, inminente o imaginada.

Cuando se olfatea necrosis (muerte violenta) se encienden inflamaciones y dolores y cuando lo preasumido es ineficacia y falta de garantía se activan los programas de la inmolación celular o del individuo.

La apoptosis del individuo a veces sólo es transitoria y funcional. El organismo le invita a darse de baja, a enfriar motores y voluntades y sumirse en un proceso de reflexión crítica sobre el pasado-presente-futuro.

El desánimo, la adinamia, la falta de placer (anhedonia), el desinterés social expresan la voluntad del organismo de que el individuo renuncie a sí mismo, se autoinmole, desaparezca o al menos renuncie a sus proyectos y recapacite...

Hay veces que el programa de apoptosis funcional del individuo puede ser rentable. Una hibernación, un alto en el camino, puede venir bien para superar inviernos físicos y sociales y/o repasar acontecimientos adversos.

En esto el organismo también puede equivocarse e írsele la mano con el suspenso al evaluar rentabilidades.

La depresión es el equivalente a una apoptosis simulada, funcional. El individuo queda suspendido como voluntad, dinamismo y propósito siendo sometido a un proceso de rumiación analítica negativa sobre lo que ha sucedido y pudiera suceder.

También el organismo y el individuo pueden equivocarse en las evaluaciones y darse de baja (física o funcionalmente) para la acción sin que se den las circunstancias que hacen rentable la decisión.

La decisión de encender programas defensivos o de apagado es siempre difícil y arriesgada.

El organismo optará por encender en exceso inflamaciones, dolores, desánimos y cansancios y el individuo inacciones y reflexiones catastrofistas siempre que en el impasse esté garantizado el sustento y cobijo (cobrar el paro).

La sociedad de la garantía nos provee cobijo y sustento en la inactividad pero ello produce la contrapartida de la pérdida de bienestar, del biensentirnos y bienevaluarnos.

Paradójicamente la sociedad garantista promueve la percepción-evaluación de vida miserable. Puede que sea debido a que hemos eliminado la incertidumbre real y la hemos sustituido por una incertidumbre especulativa catastrofista. Hemos hipotecado el presente por una especulación catastrofista del futuro.

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo