Cerebro probabilístico
Está muy arraigada entre los profesionales (y por instrucción, entre ciudadanos) la idea de un Sistema Nervioso que se limita a registrar sucesos y activar respuestas. La percepción sería, simplemente, un proceso reactivo y las neuronas: micrófonos, amplificadores y altavoces.
La realidad pondría la música, el cerebro la retransmitiría y el individuo no podría hacer otra cosa que ejecutar los pasos de baile correspondientes. Si no hay músicos no hay música y si no hay música no hay baile. Valdría también la conclusión contraria: si hay música y la estamos bailando es que hay algún músico tocándola.
En definitiva: damos por sentado que podemos aplicar la ecuación:
dolor=daño=dolor
- A mí me duele. Yo, algo tengo que tener. Tengo que tomarme un calmante.
Oímos la insufrible música del dolor, luego algún músico desafinado la ejecuta con estruendo y no tenemos más remedio que ponernos unos tapones en los oídos.
Las neuronas son algo más que micrófonos, amplificadores y altavoces. Graban músicas ejecutadas en el pasado, las retocan (versionan) añadiendo y recortando pasajes y, sobre todo, hacen sus pinitos y componen nuevas melodías. Disponen de una sofisticada tecnología que permite registrar los sonidos y diseñar circuitos que los reproducen.
No es necesario que haya músicos para que oigamos música. El laboratorio cerebral puede generar los mismos sonidos con lo grabado previamente o con lo sintetizado de novo.
¿Oímos la música del dolor? lo único que podemos afirmar es que el cerebro la está retransmitiendo: a veces directamente desde un concierto y otras reponiendo una grabación o una nueva creación de música sintetizada. En los dos últimos casos (grabadora y sintetizador), evidentemente no hay músicos, aunque, también evidentemente, sí hay música.
La función de la música es inducirnos a bailarla. La función de la percepción es inducirnos a una conducta: el picor a rascarnos, el hambre a comer y el dolor a evitar daño necrótico.
El cerebro no espera a que se consumen las situaciones. Calcula probabilidades, se deja llevar por sus "corazonadas", por lo que dicen sus emocionables archivos.
Imagine en su ciudad una Policía Probabilística que se dedica a multar por cálculo de probabilidades de comisión de delitos de tráfico. Podría darse la extraña situación de aplicarle una sanción por "probabilidad de exceso de velocidad" a un inocente ciudadano que ni siquiera tiene vehículo. El policía se ha limitado a aplicar una indicación del sesudo Centro de Cálculo de Probabilidad de Comisión de Infracciones (CCPCI). Para ello ha utilizado archivos de delitos propios anteriores, delitos de allegados e informes de expertos en incidencia global de delitos en la población.
- Es usted un probable infractor. Tengo que ponerle una multa.
- No sé conducir. Ni siquiera tengo coche. Le recuerdo que estamos en el siglo XVII
- No es asunto mío. Debe quedarse en casa un par de días hasta que disminuya la probabilidad. Se lo comunicaremos en su momento.
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El cálculo de probabilidades funciona para detectar probable cáncer de mama en una mamografía preventiva, en la eliminación de Spams en el Correo Electrónico y en el día a día del cerebro perceptivo, el encargado de ponernos la música que cree debemos oir, anticipándose a los acontecimientos. Los tres procesos aplican la matemática bayesiana, el cálculo de probabilidades en función de conocimiento, expectativas y creencias previas.
(Cerebro) - Creo que hoy hay peligro en la cabeza. Le voy a poner dolor... para que se tome esa pastilla que me calma y se quede en la habitación con las luces apagadas...










