Creencias y crianza

Escrito por Arturo Goicoechea Uriarte Lunes 12 de Octubre de 2009 18:01

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  1. Creencias y crianza
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Creencias y crianza

Hay muchas probabilidades de que nuestras creencias y conductas coincidan con las que nos han inculcado nuestros criadores: de lo que se cría se cree.

Homo sapiens (ma non troppo) es proclive a la domesticación cultural y se ve inmerso desde el nacimiento en una pedagogía cognitivo-conductual.

El cerebro sapiens, a través de sus mensajes perceptivos, tratará de encarrilar al individuo según lo prescrito por la cultura señalando causas, penalizando hábitos y promoviendo remedios.

Los tutores llaman a los mensajes cerebrales síntomas y los consideran como señales de perturbaciones internas, debidas a defectos en origen (genes) y/o a incumplimientos de lo recomendado como saludable.

La cultura cría cerebros desasosegados, inquietos, alarmados, pesimistas... Sus mensajes (síntomas) expresan el impacto de la pedagogía cognitivo-conductual catastrofista sobre el natural cándido y dócil de nuestras neuronas.

El cerebro de la migraña, de la fibromialgia, del colon irritable, de la vulvodinia... no es sino un cerebro enculturizado en el temor a la enfermedad.Homo sapiens sapiens (m.n.t.) padece un tipo de enfermedad exclusivo: el debido al alarmismo de su cerebro respecto a la incertidumbre interna.

El alarmismo cerebral tiene la misma carta de naturaleza de enfermedad que el alarmismo del sistema inmune. La fibromialgia tiene el mismo derecho a ser considerada como enfermedad que la artritis reumatoide. En ambos casos el individuo es un padeciente: está sometido a los excesos alarmistas de sus sistemas de defensa.

El alarmismo del sistema inmune viene posiblemente de la mano de la sobrehigienización cultural de nuestro hábitat. No existe pedagogía cognitivo-conductual sino entornos sin parásitos (al parecer convenientes para contener los impulsos inflamatorios del sistema inmune).

El alarmismo cerebral emerge de los contenidos de la pedagogía cognitivo-conductual. La solución parece sencilla: aplicar una terapia a esa pedagogía. Enseñar a descreer lo creído y a retomar hábitos y costumbres prohibidos.

Creer es fácil. Descreer es más complicado pero no imposible.

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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