¿Dónde están los genes y desencadenantes?

La secuenciación del genoma humano desató una explosión de optimismo entre los líderes de opinión de la migraña.

Desde las certezas (no demostradas) del origen genético, todo parecía indicarles que aparecerían los malditos genes torcidos migrañosos, los responsables del encendido hipersensible del supuesto "generador de migraña".

El futuro pintaba bien en los primeros años del veintiunavo siglo. Dispondríamos de nuevos fármacos, específicos para cada individuo.

- Me deja su tarjeta genómica, por favor?

El boticario, o como se llamara al proveedor de fármacos genomizados a la carta, seleccionaría el calmante adecuado para cada desvarío genético del individuo.

Se describieron los primeros genes migrañosos en una rara, rarísima enfermedad, la "migraña hemipléjica familiar" y eso se presumía que era un buen síntoma, una primera gota que anunciaba el chaparrón de los genes responsables de la migraña común.

Cada individuo tendría su genética y su desencadenante.

De momento no podemos facilitar al ciudadano su migrañogen específico y respecto al desencadenante, tampoco parece que los ciudadanos hayan avanzado en sus pesquisas.

- Buenas... ¿Ha encontrado su desencadenante?

- No encuentro un motivo para explicar el dolor. Puedo estar tan tranquilo, incluso durmiendo, y me viene la crisis. He probado a dejar el tabaco, el cubata, anotar si el día está nublado o soleado... No encuentro al maldito desencadenante por ningún sitio.... y mira que lo he buscado...

- Tiene que encontrar su desencadenante. Es fundamental. Una vez dé con él no tiene más que evitarlo. Insisto: insista.

- ¿Cómo van ustedes con lo de los genes... No los han encontrado todavía?

- El genoma está resultando más complicado de lo que presuponíamos... Estamos en ello. Cualquier día de estos damos con el migrañogen. A partir de ahí es cosa de coser y cantar...

- ¿Han sacado algún fármaco nuevo?

- Teníamos algunas esperanzas puestas en los antagonistas del CGRP pero tampoco parece que vayamos a disponer de un arma eficaz por esa línea... Ya se nos ocurrirá algo...

He encontrado a los líderes de opinión algo alicaídos. Vendieron la piel del oso antes de cazarlo, primero con los triptanes, luego con el genoma y, siempre, con los escurridizos desencadenantes...

Sobre el cerebro, ni pío. No parecen interesarse en el nuevo marco de conocimiento que provee la Neurociencia.

- ¿Cambia algo para ustedes el panorama de la migraña a la luz de todo lo que vamos sabiendo sobre cerebro y dolor?

- Sabemos que la migraña no es un problema vascular, como les habíamos ido diciendo machaconamente desde mediados del siglo pasado. Ahora sabemos que es un asunto de neuronas. Son hiperexcitables.

- ¿Por qué son tan excitables?

- Nacen así. Se encienden sin más o con el empujoncito del desencadenante. Luego está el estrés de la vida moderna. Es demasiado para las sensibles neuronas...

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No espere oír a los líderes de opinión nada sobre cuestiones que han salido en las entradas de este blog. Copia eferente, percepción-acción, sistema de recompensa, nocicepción, sistema de defensa, memoria de dolor, cerebro bayesiano, detección de error, sesgo de confirmación, aprendizaje, cognición social, necrosis... placebo-nocebo...

Siguen, eso sí con algo menos de entusiasmo, esperando noticias del genoma y añadiendo nuevos desencadenantes a su ya poblada lista.

- ¿No cabría la posibilidad de que la información pudiera excitar, alarmar a esas hipersensibles neuronas?

- Eso suena a especulaciones filosóficas. Nosotros somos científicos: genes y desencadenantes, pecado original y transgresiones de la ley del recto estilo de vida.

- Pero...

- La Comunidad Científica Internacional no puede andar perdiendo el tiempo en charlatanerías...

- ¿Qué me dice de la fascinante alta incidencia de migraña entre neurólogos dedicados a generar, perdón, resolver migrañas?

- No sé de qué me está hablando usted. Insisto, somos científicos...

Veo a la migraña bien, robusta. No tiene por qué preocuparse por su futuro. Sus genes y desencadenantes están bien escondidos. No parece que vayan a encontrarlos... probablemente porque no existen...

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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