El sentido del movimiento

La razón de ser de las neuronas es controlar el movimiento, propio y ajeno. Las plantas no tienen neuronas porque no se mueven, no las necesitan.

Los herbívoros se mueven menos que los carnívoros. Han optado por alimentarse con comida quieta y abundante pero de baja calidad alimenticia y difícil procesamiento digestivo. Necesitan muchos metros de tubo digestivo y un largo proceso de rumiación para fabricar sus propias carnes mientras que los que se comen esas carnes hacen de tripas circunvoluciones cerebrales adicionales para poder detectar y cobrarse la pieza siempre móvil y reticente. Los carnívoros no rumian carne sino información para dar con las claves del éxito venatorio.

Homo sapiens (ma non troppo) es la especie más móvil que nunca haya existido. Se ha movido a lo largo y ancho del planeta para conseguir comida sin ser comido y para ello ha necesitado caminar, correr, saltar, trepar, reptar, nadar...y, sobre todo, no perder de vista a todo aquello que se mueve. La compleja articulación de raquis, cabeza y ojos tiene como objeto poner a tiro de mano la pieza a cobrar con una coordinación exquisita entre visión y función prensil.

Nuestra motricidad dispone de una altísima precisión y ello sólo es posible con un estricto control del movimiento, con un especialmente desarrollado sentido del movimiento.

Disponemos de sensores mecánicos (estáticos y cinéticos), situados en oído interno, inserciones tendinosas de músculos, en las propias fibras musculares y en las superficies articulares. Gracias a ellos el cerebro coordina el movimiento de cada uno de los segmentos rígidos (vértebras, brazo, antebrazo, hombro, codo, muñeca, dedos) y puede dar las órdenes oportunas a los músculos que los mueven en secuencias complejas que se van programando y memorizando a lo largo del aprendizaje.

Cada movimiento, propio o ajeno es captado por los fotoreceptores de la retina. Si miramos a la iquierda el mundo se mueve en la retina en dirección contraria. Este movimiento de los objetos a través de la retina se conoce como flujo óptico y es fundamental para interpretar correctamente la conducta motora propia y ajena.

Una cuestión clave en la interpretación del movimiento es distinguir si nos movemos nosotros o se mueve el mundo. Parece una cuestión trivial pues en todo momento conocemos nuestra intención pero no es tarea fácil. Cada vez que nos despertamos e intentamos ponernos de pie, el cerebro debe integrar todo el flujo de los sensores mecánicos con el flujo óptico de la habitación que gira en dirección contraria al cuerpo. En muchas ocasiones el cerebro interpreta que se ha movido la habitación en vez de nosotros y nos quedamos inmóviles y aterrorizados en la cama. Tenemos un aparatoso vértigo posicional.

El vértigo es una interpretación errónea cerebral sobre atribución de movimiento. Es un error frecuente. Cuando estamos estacionados en nuestro tren y parte otro que tenemos al costado, el cerebro se apropia del movimiento ajeno y nos lo aplica al nuestro. Basta con hacer una reflexión sobre propiedad del movimiento para que la percepción errónea se corrija.

Cuando la entrada de estímulos de los sensores de movimiento, mecánicos y visuales, no es coherente, el vértigo es la mejor interpretación posible y es la que el cerebro nos da.

Había una atracción en la feria llamada "La casa misteriosa". Al cabo de un momento de haber entrado, empezaba a moverse. Se producía vértigo. Cuanto más misterio y alerta, más. Aparentemente (visualmente) era una casa normal pero el suelo no era estrictamente horizontal. Los ojos informaban: "entramos en una casa de perfecta verticalidad" pero los sensores de fuerza gravitatoria estática discrepaban: "entramos en casa con suelo levemente inclinado". Esa incoherencia de estímulos sólo podía explicarse por una casa que se mueve y eso es lo que hacía el cerebro. El vértigo de la casa misteriosa se curaba sin fármacos. Bastaba entrar unas pocas veces para que el cerebro le cogiera la medida y dejara de hacer caso de lo que decían los ojos. Una sencilla explicación del truco antes de entrar habría desbaratado el efecto del vértigo.

El vértigo es motivo frecuente de consulta. Es aparatoso e insufrible y crea mucha alarma. Se culpa al oído (litiasis), a las "cervicales", al "mal riego" o a los nervios pero rara vez se inculpa a un error de interpretación cerebral. Cuando lo explico en la consulta la reacción es de sorpresa y no siempre se acepta:

- Si se mueve la habitación cada vez que intenta ponerse de pie por la mañana es porque su cerebro está convencido de que la habitación gira y luego se para. Podríamos convencerle de que está equivocado... Debería tranquilizarse y tranquilizar a su cerebro y levantarse para que compruebe que, efectivamente, la habitación está quieta y el que se mueve es usted... Vivimos en un mundo cuadriculado, con suelos lisos y casas verticales, todo predecible. Eso hace que el primer movimiento de la mañana se nos complique.

- Y... ¿no me va a dar nada para el vértigo?

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