La incredulidad en las creencias

Escrito por Arturo Goicoechea Uriarte Miércoles 14 de Octubre de 2009 18:06

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  1. La incredulidad en las creencias
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La incredulidad en las creencias

Aunque es un hecho suficientemente demostrado (y fácilmente creíble) que las creencias son poderosos estados neuronales que intervienen en la generación de percepciones, emociones y acciones, abundan los incrédulos en el poder de sus propias creencias.

Hay una resistencia fuerte a ver la mano firme de lo que creemos detrás de lo que vemos ("si no lo creo, no lo veo...").

Creemos en el poder de vientos, cervicales, serotoninas, hormonas, energías y vapores y negamos fuerza al poder del simple hecho de creer en ello, utilizando como argumento la aparente comprobación: "lo he visto con mis propios ojos..."

Tengo la desgracia de que mi sistema inmune cree que el aire desde Mayo a Septiembre es peligroso. Me defiende inflamando narices, conjuntivas y bronquios. Hay unas células vigilantes que digieren alguna molécula del polen de las gramíneas y presentan en su membrana lo que han encontrado. Los órganos de decisión del sistema, tras consultar sus archivos, "creen" que esas moléculas pertenecen a un agente peligroso y ordenan la producción en masa de los clones de linfocitos responsables de mis estornudos y dan una palmadita al vigilante: "buen trabajo".

Los hechos son los hechos:

- Lo único que sé es que el polen me sienta fatal

- No es el polen

- Claro, como no es usted es el que estornuda...

- Es su sistema inmune que cree que...

- O sea que es psicológico...

- No se confunda. Es inmunológico. Es una falsa creencia de su sistema inmune...

- No es que lo crea, estornudo. Me gustaría que me viera cuando me ataca...

- Le creo aunque no lo vea. Sabemos que el sistema inmune construye creencias y que muchas veces se equivoca.

- Entonces ¿qué hago cuando me pica la nariz? ¿Pienso que no me pica? ¿Le digo a mi sistema inmune que el aire no es peligroso?

- No servirá de nada. Tenemos que derribar la creencia de su sistema inmune. Los linfocitos no le van a hacer caso. Sólo obedecen las decisiones de sus órganos de decisión... afortunadamente para usted, aunque no en este caso.

- Bueno. Haga lo que sea...

- Podemos utilizar vacunas. Primero averiguamos cuál es la molécula que confunde al sistema y luego vamos aplicándola en dosis progresivas para convencerle que es inofensiva. Llamamos a ese proceso, desensibilización. Si tenemos éxito, los órganos de decisión darán una patada en el trasero al linfocito vigilante en vez de una palmadita y lo echarán a los leones. Habremos derribado una falsa creencia.

- Si dejo de estornudar con sus vacunas le creeré...

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Puede cambiar linfocitos por nociceptores (neuronas vigilantes de daño y peligro) y polen por cualquier agente y/o estado de los que confunden al sistema nervioso (chocolate, niebla, estrógenos, hambre, frío... ). Se encontrará con la misma estructura, es decir, con una falsa creencia de sus neuronas.

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- La claridad me produce una migraña horrible

- No es la claridad. Es su sistema neuronal. Cree que contiene peligro.

- No es que lo crea. Me duele...

etc, etc, etc....

- Podemos intentar derribar la falsa creencia de amenaza. Las neuronas defienden sus creencias pero si se les da argumentos a veces cambian de opinión y anulan las conexiones que mantienen activa la falsa creencia.

- Así, sin más, ¿hablando? No sé si creérmelo... ¿No hay vacunas? ¿no hay pastillas para cambiar las ideas?

- No les dé ideas a los fabricantes de ideas...

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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