Más dura será la recaida

- ¡Con lo bien que estaba!... Ha sido como un milagro. He estado un año sin ninguna crisis ¡y sin tomar pastillas!

Es un palo para el padeciente el volver a las andadas, a los viejos tiempos del dolor, el cuarto oscuro y las arcadas... después de haber estado disfrutando de un período de racionalidad cerebral.

- Tengo que tomarme los calmantes...

El dolor, en ausencia de daño necrótico, surge de la reconstrucción de un hábito adquirido en el pasado. El cerebro fóbico perdió la batalla frente a la racionalidad y tuvo que aceptar la decisión de la mayoría neuronal de optar por dar por buenas las nuevas explicaciones de la biología del dolor, las que sostienen que el dolor siempre es una decisión cerebral de activar una alerta sobre posibles-probables catástrofes en los tejidos. La aceptación del error trajo consigo la modificación de la toma de decisión, la no exigencia de comerse un tóxico adictivo para calmar los circuitos del miedo...

- Por qué ha vuelto el dolor si yo sigo pensando como antes, si estoy convencida de lo que me has contado...

Los circuitos cerebrales derrotados en la época de la racionalidad siguen tratando de reconstruir sus tesis alarmistas. Cualquier circunstancia puede darles nuevos bríos y retomar el poder de las decisiones.

Puede ser incluso el efecto aniversario.

- Llevaba ya un año sin dolor...

El cerebro es un sistema inestable en el que conviven e interactúan colectivos neuronales de diversas tendencias. Cada decisión (cognitiva, emocional, perceptiva y motora) es la consecuencia de una compleja integración de sugerencias de todos los colectivos. Ninguno de ellos da por perdida la tesis que defiende.

- Tomar calmantes es como...

- Ya, ya sé... es como fumar... el cerebro me pone el dolor para que me los coma... Ya le digo que no pasa nada, que me deje en paz... pero no lo consigo...

Los fumadores con intención de dejar el tabaco consiguen a veces victorias y disfrutan de épocas de abstinencia. El cerebro racional gana y el individuo deja de ejecutar el rito motor complejo de sacar un pitillo, ponérselo en la boca, encenderlo, aspirar el humo tóxico, sacudir la ceniza, etc.

Las memorias adictivas son tenaces y saben esperar su turno. Cualquier día, sin que medie necesariamente ninguna circunstancia especial, algo interno solicitará con apremio el encendido de la recaída.

La recaída a veces es fugaz. Todo se queda en una crisis aislada, en un par de cigarrillos-calmantes. Otras se reeditan todas las características de frecuencia, intensidad y persistencia de las peores épocas. Se vuelve a "más de un paquete diario..."

La recaída es una reconstrucción de las memorias de lo irracional. El miedo somático a la necrosis es una poderosa fuerza biológica que nunca será eliminada. Estará ahí latente, esperando condiciones que permitan su germinación... su rebrote.

La recaída no es fácil de gestionar. No hay armas específicas, trucos sacados de la manga, magia. Se vuelve a lo mismo: un cerebro alarmista ganado por una cultura que promueve la irracionalidad de los encendidos fóbicos y el consumo de tóxicos disfrazados de "medicamentos-solución" y un individuo con el conocimiento de la biología del dolor pero desanimado, desesperanzado, frustrado, confuso, indefenso...

Cuando uno recae debe relevantarse, reconstruir la misma actitud que permitió la derrota de lo irracional...

Cuando uno vuelve a fumar, debe volver a dejar de hacerlo.

A veces los demás no ayudan...

- Anda, no seas tonta y tómate el calmante. ¡Para qué vas a estar ahí sufriendo absurdamente...!

El repadeciente pone en la pelea demasiada carne, demasiado ímpetu ganador, demasiado orgullo herido, demasiada necesidad de conseguirlo, demasiada obsesión. Exige a su cerebro que le obedezca...

Creo que al cerebro no le van bien los tonos calientes del individuo. Funciona mejor lo templado, el sosiego...

Las recaídas son difíciles de gestionar pero es fundamental recuperar el timón de la racionalidad, reconquistar el poder de decidir a favor del sentido común...

Cuando uno ha perdido por K.O. debe volver al gimnasio a hacer guantes...

 

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo