Características de la comunicación en el anciano
El anciano no debería tener una problemática social mayor a la de cualquier otro ciudadano, pero la situación actual española ha cambiado mucho y en pocos años se ha alcanzado un importante grado de desarrollo industrial, de las instituciones, los grupos sociales, etc. ; todo ello ha incidido en el campo de la educación, en las formas de comportamiento ;en definitiva, en la escala de valores culturales y sociales donde el perfil de los mayores y su situación social ha experimentado grandes cambios en las últimas décadas y hasta se podría decir que han perdido su estatus y rol social.
La vejez viene acompañada de una serie de pérdidas, tanto endógenas, como exógenas, que dejan cada vez más sólo al mayor; pierden el trabajo, el estatus social, parte de los recursos porque la pensión supone un deterioro progresivo de los ingresos , las fuerzas disminuyen, la salud se quebranta ; en definitiva, esta etapa se caracteriza por los cambios tan importantes que se producen en las capacidades físicas, sociales y emocionales de los mayores.
Factores Endógenos. Genéticos
La herencia es el factor fundamental en el proceso de envejecimiento y se puede definir como el conjunto de modificaciones morfológicas y psicológicas que van a producir una disminución en la capacidad de adaptación de las personas, tanto en su aspecto físico como social.
Factores exógenos. Causas sociales
En términos generales la persona empieza a ser frágil cuando el pasado tiene un papel prioritario en la vida del sujeto, perdiendo importancia el presente y mirando el futuro con temor. Estas vivencias son distintas en cada individuo y si bien pueden empezar a los 60-65 años, son aspectos que acentúan la percepción subjetiva de cada uno que el declive ha comenzado. Todos los malestares difusos, síntomas nuevos que afectan nuestro equilibrio, son una amenaza que va a influir, en definitiva, en las relaciones interpersonales y sociales.
El ser humano es social por naturaleza, pero es verdad que al ir envejeciendo las personas experimentan una cierta tendencia a desprenderse paulatinamente de los compromisos sociales, a desinteresarse por las relaciones con la gente y a desligarse de asuntos y actividades que venían realizando ; esto suele ir acompañado de una disminución de sus capacidades que les induce a la soledad y al aislamiento.
Por otra parte los cambios tan espectaculares que se han producido en la sociedad en los últimos años dejan al mayor en una situación de inferioridad y marginación al no poder integrarse al mundo futuro que los cambios obligan. Estos factores a grandes rasgos se pueden encuadrar en tecnología avanzada, cambios estructurales en la vida familiar, trabajo de la mujer fuera de casa, las diferencias socio-culturales, el factor económico, la vivienda, etc. que ponen al mayor en una situación difícil y delicada ante los demás.
Con todo ello se quiere decir que no es un fenómeno natural, voluntariamente aceptado, sino que el entorno social rechaza y devalúa al mayor.
Por otra parte, la inhibición de los mayores a comunicarse con los demás, les conduce, no sólo a la automarginación, sino que puede acelerar el proceso degenerativo de sus capacidades psicofísicas y a una dependencia total.
La jubilación : Motivo de incomunicación
Entre los factores sociales que inciden en la vulnerabilidad de los mayores la jubilación es la que marca el fin del deber principal del hombre ; el trabajo que irremediablemente, lleva a la desconexión social.
Esta pérdida o ruptura del estatus social implica una reorganización de su vida social que no siempre es asumida con naturalidad, sino, por el contrario acarrea una serie de síntomas, tanto físicos como psicosociales, convirtiéndoles en personas más frágiles y vulnerables socialmente.
Para el hombre el trabajo no es sólo una forma de ganar dinero, seguridad o prestigio social, sino que también origina una serie de satisfacciones internas y es una forma de participar en la vida social. Sin embargo, esta participación en la vida social se hace cada vez más difícil puesto que, en la sociedad moderna e industrializada, existe una total preponderancia de los valores económicos y la juventud sobre los demás, relegando así al mayor, por no producir o por rendir menos.
A priori, la jubilación, bien normal u obligada, se puede considerar como un trauma, una ruptura nacida de hábitos, modos y circunstancias que han sido para el trabajador de la máxima entidad durante su vida activa.
Existe una enemistad estructural entre la vejez y una sociedad competitiva, dominada por la dialéctica de la producción y el consumo y vuelta de espaldas a otros valores superiores.
La cultura
La cultura es el sello específico de la persona, es la referencia, la identidad que nos diferencia a unos de otros, y la educación es un componente esencial de la capacidad de las personas para participar en la sociedad.
La vejez tiene la sabiduría que da la experiencia y la capacidad para descartar lo superfluo y atenerse más sosegadamente a lo esencial. Por eso al analizar este aspecto, se ha de considerar que los niveles educativos alcanzados por la mayoría de los mayores son muy bajos, porque son los herederos de una estructura desigualitaria de la sociedad que les tocó vivir, en la que la enseñanza era privilegio de una minoría. Por otra parte, la cultura objetiva de su entorno, sus raíces, su estilo de vida, sus costumbres, hábitos adquiridos, etc. no se valora, haciendo que la participación de los mayores en la vida cultural y comunitaria sea muy limitada.
Una formación cultural deficiente, con poca cualificación profesional, les conduce a la incomunicación y, por otra parte, la falta de estímulos exteriores, adecuados a su demanda es otro factor que les condiciona su participación social.
La situación económica
La seguridad económica es un punto clave en la integración social de los mayores. Los ingresos y los distintos niveles de vida dan origen a cuestiones controvertidas y difíciles que inciden en el impacto de las políticas socioeconómicas en las personas mayores.
La escasez de recursos es la causa de los sufrimientos más numerosos de nuestros mayores : su comida, vestido, alojamiento, hasta su salud, dependen, casi en la totalidad, de los ingresos. El sentimiento de impotencia y frustración, la dependencia de los que le rodean, son factores que inducen al aislamiento e invalidez.
Es cierto que los cambios experimentados últimamente en la economía de las personas mayores han sido favorables, lo que hace que, en general, ser mayor ya no equivale a ser pobre. Esta situación ha incidido en los hábitos de consumo y en su capacidad de ahorro, hasta se ha creado un mercado dirigido a este sector concreto.
Existen dos grupos de jubilados y desigualdades económicas :
1. Generacionales. La edad. No son iguales los ingresos entre personas que acaban de jubilarse que los que forman parte de grupos de edad avanzada.
2. El sexo. Hombres, mujeres. Las mujeres de edad muy avanzada, por diversas circunstancias de cotización, viudedad ; en consecuencia, por serias deficiencias en el sistema de pensiones, son más pobres que los demás grupos sociales, y socialmente más marginadas.
En los diversos sondeos que se han realizado a la población mayor sobre si la pensión que recibían era adecuada, la mayoría de las personas jubiladas contestan que es insuficiente, es decir, no están conformes.
Es preciso aclarar que si la situación económica no es la panacea de todos los problemas de nuestros mayores, pero sí está considerada por ellos como el aspecto social más importante y es curioso, porque en los casos en que la situación económica no es precaria, el anciano no utiliza el dinero para cubrir las necesidades básicas y mejorar su calidad de vida, sino que lo guarda por el sentido que tienen del ahorro y previsión futura.
La vivienda
Para las personas mayores que sufren algún tipo de discapacidad es fundamental adecuar el alojamiento a sus necesidades básicas, instalar ayudas técnicas que faciliten la vida diaria, contar con equipos domésticos bien diseñados, etc. para poder reducir las dificultades y riesgos, continuar viviendo en su casa y que la vida en su domicilio se desarrolle satisfactoriamente.
Las comodidades de la vivienda está en función del nivel de ingresos y éstos, en la mayoría de los casos, se puede decir que se encuentran en la línea de ingresos mínimos, lo que hace que las ayudas técnicas y equipamiento adecuado queden para los grupos de más alto nivel.
La involución en general, y el deterioro de los sentidos, en particular, que se va produciendo en los mayores entrañan un peligro en la realización de las actividades de la vida diaria : control de los electrodomésticos, electricidad, gas... convirtiéndose en sujetos de alto riesgo.
La alternativa que tienen estos mayores para paliar estas carencias es el ingreso en un centro residencial, donde, además de cubrir su déficit de vivienda, cuentan con servicios adecuados, a pesar de que, muchas veces tengan que aislarse de su entorno y de una realidad social largamente compartida.
Por otra parte, con todo lo inespecífico que la institucionalización supone para el mayor, con frecuencia se ha relacionado con un aceleramiento de todos los procesos degenerativos implícitos al envejecimiento y una regresión psicológica significativa que se refleja en diferentes síntomas que, a veces, se presentan de forma encubierta con enfermedades somáticas.
La familia
El tamaño del núcleo familiar , la incorporación de la mujer al mundo laboral, el descenso de la natalidad, la dimensión de las viviendas, las grandes urbes, los pequeños núcleos rurales, con población especialmente envejecida, etc., son factores que alteran de forma irreversible las redes tradicionales de atención y apoyo familiar, y en particular, el papel del cuidador de las personas mayores discapacitadas asumido por una gran parte de las mujeres.
Los hijos y los nietos tienen una vida que les pertenece y existe un vacío generacional, una separación en la escala de valores. Los jóvenes tienden a convertir sus deseos en acción, tienen altas aspiraciones no renuncian a nada que sea transitorio o cambiante, son rápidos e irreflexivos, mientras que los mayores son más conservadores, lentos y a veces inflexibles, quedándose anclados en sus propias convicciones e ideas.
Todos los acontecimientos históricos son importantes a la hora de valorar el vacío generacional, porque tienen más influencia que la diferencia de edad.
En concreto, el contrapelo de la juventud es la vejez y ésta se compagina mal con un mundo donde priman los valores vitales de la juventud. Es decir, los mayores están hoy mucho más distanciados temporalmente de las otras edades, porque el tiempo transcurre mucho más deprisa que nunca, ya que la experiencias que defiinen el tiempo de cada generación son más dispares, como lo son también los mundos de unos y de otros.
La soledad
La soledad es un problema fundamental en relación con el envejecimiento, la invalidez, la pérdida del cónyuge o seres queridos a veces rompe uno de los vínculos afectivos más fuertes, las actitudes cerradas, posiciones personales rígidas, dogmáticas, etc., son factores que impiden la comunicación, generan mal estar y desafección.
El sentimiento de soledad hay que diferenciarlo porque puede ser real o compartido.
En los mayores que viven acompañados la soledad se produce no tanto por la falta de buena disposición de las personas, como por razón de las nuevas formas de vida que se ha ido imponiendo a todos, aunque el resultado sea el mismo, el empobrecimiento progresivo de los refuerzos afectivos que más se necesitan en esta etapa, los hijos y los nietos.
La soledad real se da en aquellos mayores que no tienen con quien compartir sus temores, sus vivencias, sus perspectivas ; es triste y provoca angustia y temor.
Por otra parte, los mayores que viven solos, además de su falta de compañía, son cada día más vulnerables en aspectos como seguridad ciudadana en viviendas, centros de mayores, barrios centrales de población envejecida, pequeños núcleos rurales de donde se han retirado las fuerzas de seguridad y donde la presencia de la delincuencia es frecuente.
Medio ambiente
El diseño ambiental adquiere una gran importancia en el tratamiento de los mayores y las características físicas del entorno en el que vive el mayor influyen de forma decisiva en su quehacer diario, su autonomía y, en definitiva, su satisfacción.
Pero la influencia del medio ambiente en el entorno de los mayores es diferente en la ciudad que en las zonas rurales y entre los que siempre han vivido en las grandes urbes o en aquellos que han sido trasplantados de zonas rurales o los que viven en núcleos pequeños.
Los elementos negativos comunes que se estima alteran el equilibrio afectivo de los mayores, se podrían definir como: las grandes vías de comunicación, la contaminación, las barreras arquitectónicas que impiden el acceso a los jardines, centros culturales, aceras, medios de transporte, grandes superficies comerciales, etc. Por otra parte las aglomeraciones que dan sensación de vorágine y también de anonimato, impersonalidad, en definitiva incomunicación y entorno más agresivo.
En cuanto a los medianos grupos de población y sobretodo las zonas rurales, los problemas reseñados no les afecta tanto, porque su entorno es más humano, equilibrado y se comunican más, pero también les acechan otros peligros en el domicilio, dificultades en el acceso a los servicios médicos, comerciales y municipales , y la emigración a los núcleos urbanos les dejan también más solos.










