Rehabilitación laboral y enfermedad mental

Resultados de la experiencia profesional

Escrito por terapia-ocupacional.com Jueves 18 de Febrero de 2010 11:20

Valor para los usuarios

Valor para los profesionales

Resultados de la experiencia profesional

 

Tras múltiples evaluaciones realizadas durante todo la vida del PRL, es en el mes de noviembre de 2003, después de un año de funcionamiento del Programa, cuando los profesionales del mismo llevamos a cabo una mayor y más exhaustiva evaluación interna en la que se analizaron tanto el funcionamiento del Programa en el primer periodo, su utilidad para el colectivo como la necesidad de especificidad del recurso. Fruto de la evaluación interna, de la experiencia diaria y de la revisión bibliográfica, estas son nuestras conclusiones:

La adquisición de hábitos y habilidades básicas en las personas con trastorno mental es una tarea ardua que exige de mucha dedicación, buena metodología y profesionales preparados. Pero las situaciones con las que nos encontramos a lo largo de la vida no son constantes sino variables, y la respuesta adecuada a estas variaciones son las que nos determinarán cuánto de adaptados, de insertos socialmente estamos.

La adquisición de un hábito o habilidad supone un proceso de entrenamiento largo que abarca aspectos como la definición de la misma, identificación de sus componentes, exposición a un modelo, ensayo, información reforzante y/o correctiva sobre la actuación, repetición del ensayo...

Pero un hábito o habilidad no se podrá considerar totalmente adquirido hasta que el usuario no generalice lo aprendido a otros contextos, adaptándose a las necesidades y requerimientos de éstos. Un hábito aprendido en un ambiente puede producir un comportamiento que no es relevante o efectivo en otro, de ahí la importancia de establecer para la rehabilitación laboral un contexto diferenciado en que el usuario, desde el mismo momento en que cruza la puerta adquiere el rol de trabajador y debe actuar en función de éste.

Entendemos el trabajo como una parte fundamental para que se produzca el equilibrio entre las distintas áreas ocupacionales de una persona (autocuidado, ocio y trabajo) en el proceso de rehabilitación y reinserción social. El trabajo suele generar conductas similares a las que la sociedad reconoce como propias y fomenta hábitos de conducta que identifican al sujeto como integrante de esa sociedad; del mismo modo, el trabajo genera conductas que el propio individuo reconoce como pertenecientes a un grupo (Galilea y Colís, 1997).

La rehabilitación laboral pretende desplazar al usuario de su arraigado rol de enfermo hacia un rol normalizado. El rol de enfermo es un rol incapacitante que convierte al individuo en un ser al margen del discurrir natural de los acontecimientos. El rol normalizado es dinámico, integrador, mira a los demás y a su entorno (Galilea y Colis, 2000). EI vehículo más eficaz para este paso hacia la normalización es el trabajo, elemento vertebrador de la vida de las personas. La rehabilitación laboral va a propiciar ese desplazamiento de rol mediante cuatro aspectos importantes:

1. EI usuario es protagonista de su proceso de rehabilitación laboral y es consciente de sus objetivos.

Es a la vez partícipe y responsable del mismo. Los principios de la rehabilitación implican aumentar al máximo las posibilidades de elección, apoyo flexible, mantenimiento de la individualidad y participación en el proceso global de rehabilitación (Farkas, 1996).

2. Favorecimiento de una adecuada autoimagen laboral.

El usuario debe sentirse inmerso en un ambiente "normalizado". Debe relacionarse con figuras propiamente laborales muy bien definidas y de la forma adecuada. Hay que propiciar que el individuo pueda verse a sí mismo como perteneciente a un grupo cuyos objetivos coinciden con los suyos.

La autoeficacia percibida, según Albert Bandura, hace referencia a las creencias de las personas acerca de sus propias capacidades para el logro de determinados resultados, en el caso que nos ocupa, el desempeño laboral. Una persona que se percibe laboralmente eficaz tendrá un nivel de motivación y de ejecución mucho más alto y efectivo que el de una persona que no se considere eficaz en el desempeño de esta tarea. Se trata de un abordaje basado en la "expectativa del desempeño" más que en la "aptitud para el desempeño". La experiencia de este año nos pone de manifiesto que a su entrada en el Programa un alto porcentaje de usuarios eran aptos para el desempeño correcto de tareas laborales con el adecuado apoyo para la generalización al contexto laboral de los hábitos y habilidades que habían adquirido previamente. Pero ellos no consideraban poseer las habilidades necesarias para el funcionamiento en este contexto, esto es, no se consideraban laboralmente eficaces.

El entrenamiento diario en un contexto que reproduce un marco laboral desde su entrada al mismo con la firma de un contrato, talleres en los que trabajar, supervisores y compañeros con los que relacionarse laboralmente, horarios establecidos de entrada, salida y descanso... pone al usuario en la situación de tener que poner en práctica los hábitos y habilidades previamente adquiridos en el CRPS, pero de forma adaptada a la nueva circunstancia. Los profesionales específicos del Programa, que deben estar diferenciados de los de otros recursos de rehabilitación (tal como se explica en el Aspecto 4. Favorecimiento de una distinción clara entre los espacios terapéuticos y los espacios de entrenamiento laboral así como de los profesionales que en ellos trabajan), ajustan y refuerzan diariamente esta ejecución, viendo día a día los usuarios cómo son capaces por sí mismos de manejarse cada día mejor en un contexto laboral, sintiéndose cada vez más eficaces laboralmente. La creencia de una persona de ser laboralmente competente puede adquirirse por diferentes vías: compararse con compañeros que sí lo son, la persuasión verbal por parte de profesionales y familiares... pero la primera y más efectiva es la experiencia directa, esto es, el sentirse capaz de desempeñar una tarea porque realmente se está desempeñando, el sentirse en posesión de determinados hábitos y habilidades porque están siendo utilizados correctamente en el contexto adecuado.

El usuario que se siente capaz de hacer algo genera la motivación necesaria para llevarlo a cabo, selecciona metas reales y de ejecución posible, se autoevalúa y genera satisfacción intrínseca por el logro de metas a corto plazo.

Como se recoge en el aspecto anterior (Aspecto 1. El usuario es protagonista de su proceso de rehabilitación), desde el PRL luchamos por que el usuario sea el motor de su rehabilitación y retome las riendas de su vida. Es consecuente, entonces, que situemos la eficacia percibida, la motivación, las metas, la evaluación de la ejecución y la satisfacción en el propio usuario.

3. Favorecimiento de una adecuada imagen laboral.

Las expectativas del usuario para el rol de trabajador y del contexto laboral le sirven como guías para aprender cómo comportarse, ateniéndose a las normas laborales y formativas de los entrenamientos y tareas; manejo de herramientas, relaciones laborales, responsabilidades laborales, etc. El desempeño de un rol, papel o función dentro de la sociedad, surge en principio de una concordancia entre la imagen de sÍ mismo que el usuario percibe (autoimagen) y la imagen de uno mismo que perciben los demás.

4. Favorecimiento de una distinción clara entre los espacios terapéuticos y los espacios de entrenamiento laboral así como de los profesionales que en ellos trabajan y participan.

Los comportamientos que requieren un contexto de rehabilitación psicosocial y un contexto laboral son diferentes. Los contextos específicos y diferenciados facilitan, demandan y organizan comportamientos ajustados de forma natural. Forman un contexto tanto el espacio físico como los profesionales que en él trabajan.

Es por esto que los talleres rehabilitadores y entrenamientos específicamente laborales deben estar bien diferenciados de los programas y entrenamientos psicosociales. Asimismo, esa diferenciación debe extenderse también a las figuras profesionales de cada uno de los ámbitos, reduciendo la ambigüedad y/o confusión que acarrearía solicitar diferentes comportamientos en un mismo espacio con los mismos profesionales compartidos en ambos recuros.

El individuo en el espacio de rehabilitación psicosocial se encuentra de forma objetiva enfrentado a su enfermedad y es un sujeto enfermo que establece una relación clínica y terapéutica enfocada a superar psicosocialmente su enfermedad, trabajando en este contexto su aspecto de "enfermo".

El espacio de rehabilitación laboral representa un ambiente normalizado en el que el individuo es un sujeto trabajador que debe ser capaz de desarrollar una forma de ser y actuar acorde a su condición. Es un paso más en el proceso de rehabilitación en el que el usuario tendrá tendencia a desplegar ciertas habilidades de adaptación propias de quien se enfrenta a nuevas situaciones y nuevas figuras no marcadas por la enfermedad, generalizando al contexto laboral los hábitos y habilidades que adquirió inicialmente en el CRPS, entrenando en este nuevo contexto su aspecto de "trabajador".

Si es importante establecer diferenciación entre espacios, lo es en igual medida entre profesionales. El perfil de los profesionales de un recurso de rehabilitación laboral debe ser diferente al de los profesionales de uno de rehabilitación psicosocial por las propias características del proceso. En el proceso de rehabilitación laboral el usuario se encuentra ya en posesión de determinada autonomía y se maneja de una forma eficaz en la comunidad. El hecho de que cada una de las personas participantes en el Programa tenga una orientación laboral diferente en función de la que intervenir requiere de una mayor individualización, participación y dinamismo. El perfil del profesional de rehabilitación laboral debe ser, por ello, más dinámico, más activo, más específico, conocedor de la metodología de la rehabilitación laboral y con un convencimiento profundo de los beneficios del trabajo en la vida de cualquier persona, de la rehabilitación laboral en el caso de las personas con trastorno mental y de su indudable contribución a la integración social plena. Es imprescindible que el profesional de rehabilitación laboral sea consciente del proceso de la misma, conozca y confíe en la potencialidad del usuario y sea realista en sus expectativas haciendo suyas las del usuario. Un profesional únicamente será capaz de motivar laboralmente a un usuario si él mismo se encuentra motivado.

"...el trabajo es la clave de la independencia y el autorespeto..."

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