Introducción

La evolución de las prácticas clínicas, de los tratamientos, detecciones precoces, prevención y mantenimiento de la salud, favorece el desarrollo de nuevos postulados y hace que debido a estos motivos otros sean reformulados.

Es el caso del siguiente modelo ICIDH (International Clasification Deficiency DISCAPACIDAD Y MINUSVALIA) de 1980 que evoluciona hasta la revisión actual y puesta en funcionamiento del modelo CIDDM (Clasificación Internacional del Funcionamiento, Discapacidad y la salud) del 2001. Hasta el momento la clasificación se realizaba en torno a términos concretos relacionados con la deficiencia, discapacidad y minusvalía, explicando la interacción entre ellos y definiendo la condición del usuario, marcando un rol ciertamente pasivo en dicha definición.
En este momento con el cambio producido por la CIDDM-2, se diferencia sustancialmente las interacciones entre las dimensiones del funcionamiento y la discapacidad. En la etapa anterior el factor ambiental se encuadraba en una sola dimensión (minusvalía), en estos momentos este factor puede suponer una no participación activa en cualquiera de los otros contextos a los que se refiere esta nueva definición. Lo mismo ocurre con los factores personales y la participación.

Con esta nueva definición se pasa de un usuario pasivo a un usuario activo en la funcionalidad ya que el centro de la intervención pasa por ser la actividad y no tanto el déficit, proporciona esta definición un concepto de implicación haciendo participe al usuario no solo de esta carencia de salud, si no también de la intervención específica localizada en las concepciones que el CIDDM-2 realiza.

En estos momentos el déficit se ve encuadrado en la propia discapacidad y fluctúa entre encuadres como la participación y estructuras corporales.
Esta definición evoluciona hasta dos concepciones claramente definidas, una de ellas la relacionada con el Funcionamiento y la Discapacidad (funciones y estructuras corporales), y la otra vinculada a los Factores Contextuales (factores ambientales y personales).

Las interacciones específicas entre componentes de esta definición se dan en una relación unívoca predecible, provocando una interacción en dos direcciones, ya que incluso una presencia de discapacidad puede modificar un estado de salud.

Son muchos los factores en los que se intenta buscar la actuación y mejora de este funcionamiento personal y aparecen contextos con la relevancia que anteriormente no tenían, siendo en este momento los factores ambientales y personales los relevantes, funcionando como estructuras relacionas directamente con el desarrollo de la actividad.
La concepción se hace mas activa para el trabajo del usuario.

El resultado de esta evolución viene acompañado directamente del avance de disciplinas que enriquecen estos postulados y que gracias a la incorporación de sus paradigmas, modelos y marcos de referencia teóricos, favorecen la especificidad y el trabajo cada vez mas estructurados de términos relacionados con la Funcionalidad, Discapacidad y Salud.

Es el caso de la Terapia Ocupacional, que durante su trayectoria como disciplina de intervención terapéutica, desarrolló estrategias y marcos de referencia teóricos que establecen la funcionalidad, el desarrollo de recursos en el ambiente, el aumento de factores personales, la motivación a la participación y la mejora de funciones y estructuras corporales. Todo ello como búsqueda de equilibrio en la persona para su desarrollo ocupacional.

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