Mis músicos
Los músicos son gente peculiar. Esa extensa inversión en un neuroplástico aprendizaje sensorio-motriz tan exquisito, somatotópicamente tan representativo, durante tantas horas, tantos años,... Esa capacidad de expresión artística, que relaciona su actividad con las áreas diencefálicas y corticales tan prefrontalmente, cual batuta, dirigidas, tan emotivamente limbicas,...Ese abuso laboral de tantas neuronillas inmemoriales sinaptizando en hipocampos,...
Tengo la suerte de contar con varios pacientes músicos, y de lo muchísimo que aprendo con ellos, siempre destaca el pensamiento de que por encima de esas delicadas manos, esos repetitivamente traumatizados tendones, esos mecánica y fisiológicamente torturados paquetes vásculo-nerviosos, esas sobresolicitadas articulaciones, muy por encima de todo eso, está el solemne, aunque a veces agotado, cerebro.
Porque no debe ser fácil representar en la corteza cerebral unas manos con la función que inflexiblemente exige el manejo de un arco, la presión en un traste, la caricia a una tecla.
Si la neurociencia actual alrededor de la distonía focal y el dolor crónico no son razones suficientes para invertir en salud representacional en los músicos, puede que esté muy equivocado.Pero pienso seguir haciendo caso a estos pensamientos, que mi honesta interpretación de la ciencia refuerza.Al fin y al cabo, no es en los huesos ni en los tendones donde se crea la música, ellos son sólo unos mandaos, y las cosas se consiguen accediendo al jefe.









