Estiramientos neuromusculares: nuevos hallazgos científicos hacia la excelencia muscular. Fisioterapia Concept


El entrenamiento la flexibilidad muscular y la prevención de lesiones mediante la práctica de estiramientos, ha evolucionado considerablemente en los últimos quince años (Goldman, 2010). Quedaron atrás los tiempos en que los estiramientos ocupaban unas cuantas páginas al final de los libros de salud y fitness,pasando con más pena que gloria, tanto para el lector aficionado como para los entrenadores, deportistas de élite y profesionales de la medicina deportiva.

Ha sido gracias a las aportaciones de importantes investigadores de renombre mundial como Spernoga (2001) Decoster (2005) o Gajdosik (2007) entre otros, que hemos ido entendiendo los mecanismos biomecánicos y neurológicos que explican el cómo y el porqué la práctica habitual de ejercicios de estiramiento es beneficiosa para individuos de todas las edades y practicantes de cualquier actividad deportiva.

A medida que buceamos en la bibliografía, podemos observar como evolucionan las teorías al respecto del comportamiento del tejido neuromuscular cuando se le somete a estiramiento. La línea más clásica es la teoría de la deformación viscoelástica que proponen De Deyne (2001) o Radford (2006), quienes afirman que cuando sometemos a estiramiento al músculo y su tejido conjuntivo, en primer lugar se produce una deformación en alargamiento denominada fase elástica. Cuando se deja de aplicar la fuerza que lo estira, el músculo vuelve a su longitud inicial sin que persista ninguna deformación. Pero si la fuerza se mantiene con la intensidad y durante el tiempo e intensidad necesario, puede llegar a producirse un alargamiento permanente, o lo que llamaríamos deformación plástica.

Como ejemplo práctico, podemos comparar el músculo con un muelle, el cual está fijado a una pared (en el caso del cuerpo humano sería al hueso). Si traccionamos momentáneamente del extremo libre del muelle, éste se estira y al soltarlo vuelve a su posición inicial. En cambio, si tiramos del muelle de manera lenta, progresiva y mantenida durante el suficiente tiempo, el muelle comienza a deformarse y a estirarse de modo que al soltar la fuerza que lo tracciona, el muelle queda deformado en elongación.

Por otro lado, encontramos con ilusión y sorpresa (un servidor se siente como un niño pequeño con un nuevo juguete) la línea más moderna, con la teoría de la modificación sensorial encabezada por Folpp (2006) y Weppler (2010), la cual preconiza que la mejora en la extensibilidad del músculo tras la realización de estiramiento, se debe principalmente a la modificación de la percepción de la sensación de tensión que percibe el sujeto cuando estira, es decir una acomodación similar a la que se produce durante la aplicación de una corriente tipo Tens.

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Esta teoría, también incluye la valoración multidimensional de los efectos que se producen tras el estiramiento. Así, no solo valoran la longitud, sino también la cantidad de tensión que es necesaria para llegar a un punto concreto de amplitud articular, el tiempo necesario para conseguir en la rigidez del tejido, así como el área de sección transversal que adopta el músculo y que está en relación con la fuerza que éste es capaz de realizar.

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¿Estirar o no estirar?

En referencia al ámbito deportivo, y tras todo lo expuesto anteriormente, puede parecer contradictorio que nos planteemos esta pregunta, pero hemos de rendirnos ante la evidencia científica de los últimos años que no muestran que hay muchas situaciones del ámbito deportivo, en especial las que requieren actividades de velocidad de las extremidades inferiores, en las que la práctica de estiramientos, en especial los pasivos, no aportan beneficios, incluso pueden disminuir el rendimiento deportivo Sayers (2008), Bacurau (2009), Kistler (2010), Barroso (2012) o Wallmann (2012).

La opinión a este respecto no es unánime y existen revisiones bibliográficas excelentes como de Behm (2012) que si recoje mejoras en rendimiento deportivo en especial tras la práctica de estiramientos dinámicos de gran amplitud, cuando son sujetos bien entrenados.

Ahora situemos los estiramientos en otro contexto, en el ámbito del tratamiento de disfuciones o lesiones en la consulta diaria del fisioterapeuta. Aquí los objetivos son difirentes y también las evidencias científicas.

Si nos referimos al tratamiento de la lesiones de los isquiotibiales, debemos contemplar los estiramientos con cierta intensidad (Malliaropoulos 2004), las movilizaciones neurodinámicas (Mc Hugh 2012) y los ejercicios excéntricos. Estos últimos han demostrado ampliamente su valor tanto positivo tanto en el tratamiento como en la prevención (Goldman 2010) de las lesiones deportivas de este grupo muscular.

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En el tratamiento de este tipo de lesiones tienen también un papel fundamental los ejercicios de estabilización lumbo-pélvica y de control motor de la extremidad inferior (Mason 2007).

Es necesario olvidarse de un mito al respecto de las "agujetas". Herbert realiza en 2011 una revisión sistemática y concluye que los estiramientos no eliminan ni prevenen las agujetas o DOMS (Delayed Onset Muscular Soreness).

Sin embargo, al finalizar la actividad deportiva se recomienda realizar estiramientos pasivos de baja intensidad y larga duración, con el objetivo de regular el tono muscular, que puede haberse visto alterado por los esfuerzos bruscos y repetitivos de la competición, y facilitar la recuperación y regeneración muscular de cara al siguiente entrenamiento.

Por último, vale la pena destacar los acercamientosque han realizado al respecto de los cambios hemodinámicos que se producen el músculo durante su estiramiento.

En 1992 Kornberg publica, con una fantástica visión de futuro, un ensayo acerca el efecto de la movilización neural sobre el fluyo simpático en la extremidad inferior mediante termografía. Constata el efecto vasodilatador a nivel cutáneo, respuesta del efecto inhibitorio sobre el sistema simpático. Puede considerarse como una de las primeras publicaciones al respecto de los efectos terapéuticos de la movilización del tejido neural, tan de moda en los últimos años.

No existe mucha bibiografía que contraste la información anterior, y tenemos que esperar casi 20 años para encontrar más publicaciones al respecto (al menos este humilde fisio no ha encontrado nada desde la isla de Ibiza, España).

McKully estudia en 2011 mediante espectroscopia de infrarrojo cercano (NIRS) el efecto que tiene el estiramiento en los niveles de saturación de oxígeno en el músculo. Observa disminución de los niveles en el tríceps sural y cuádriceps femoral, no así en los isquiotibiales. Así se valora la posibilidad de que los estiramientos estáticos puedan conducir a algunos músculos a situaciones de hipoxia, hecho que debería tenerse en cuenta a la hora de diseñar pauta de tratamiento en situaciones de vascularización precaria como pueden los puntos gatillo miofasciales.

Como conclusiones personales me atrevería a afirmar:

  • La cantidad de publicaciones sobre estiramientos de la mitad superior es extremadamente baja.
  • Los ejercicios de estiramiento en sus diversas modalidades son útiles en el tratamiento del dolor muscular y mejora del esquema corporal.
  • En el ámbito deportivo, la práctica de estiramientos de forma sistemática y sin especificidad para cada individuo y deporte, carece de evidencia científica que la sustente.
  • La flexibilidad, como capacidad física básica, debe ser entrenada en sesiones específicas y adaptadas a cada sujeto y gesto deportivo.

 

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