EL TRABAJO PROPIOCEPTIVO FUNDAMENTAL PARA LA COMPLETA RECUPERACIÓN DE LESIONES

La propiocepción es un complejo sistema de receptores y sensores corporales que mantienen informado al cerebro constantemente sobre cuestiones tan variadas como nuestra posición, estado de contracción muscular o equilibrio. La propiocepción funciona como un sistema de alerta cuando alguna de esas cuestiones se ve alterada de manera inesperada, como un estiramiento brusco o una pérdida de equilibrio. Ante cualquiera de estas circunstancias que pueden suponer una agresión al organismo, el Sistema Nervioso responde enviando una respuesta de protección automática. Por ejemplo, tras un estiramiento brusco en el muslo por un resbalón, la respuesta automática es una contracción instantánea del mismo músculo para evitar su rotura. O ante una pequeña torcedura de tobillo, enseguida contraemos el pie en sentido contrario para evitar mayores consecuencias.

Esta especie de sistema automático de respuesta es el SISTEMA PROPIOCEPTIVO. A pesar de tratarse de un sistema automático, siempre hay posibilidad de fallo en la respuesta, ya sea porque la agresión fue demasiado brusca o intensa (una torcedura al caer de un salto, por ejemplo), o porque nuestro sistema propioceptivo no estaba alerta en ese preciso instante. Hay diversos factores que pueden influir en el mal funcionamiento de este sistema, como el cansancio, la temperatura o la utilización de dispositivos de protección externos (como una rodillera o una tobillera). Éstos engañan a nuestro cerebro simulando una falsa sensación de protección y hacen que nuestros receptores propioceptivos se vuelvan "vagos" y no sepan responder ante una agresión.

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Ejercicio 1

Una vez que se ha producido la lesión, los receptores que informan al cerebro pueden resultar dañados. Por ejemplo, en el caso de un esguince, dichos receptores se encuentran en el ligamento, y si éste se rompe, se rompen también los receptores propioceptivos. Si al recuperar el esguince nos olvidamos de recuperar también dichos receptores, esa información dejará de transmitirse, y ante cualquier pequeña torcedura no habrá una respuesta automática de protección. Esa es la razón por la que al sufrir un esguince y no recuperarlo correctamente, es mucho más fácil volver a torcerse el tobillo a partir de ese momento y notar una cierta sensación de inseguridad al pisar.

Para trabajar el Sistema Propioceptivo, la Fisioterapia cuenta con multitud de técnicas muy simples pero muy eficaces. Se trata de ejercicios sencillos, que tratan de someter a la parte lesiona a pequeñas dificultades progresivas: desequilibrios, ejercicios en superficies inestables o con ojos cerrados, etc. De esta manera reeducamos a nuestros receptores para que vuelvan a transmitir la información de manera correcta.


Es importante trabajar la propiocepción en la recuperación de cualquier lesión músculo-esquelética (desde una pequeña lesión muscular hasta una fractura grave), tanto para conseguir una recuperación óptima como para prevenir futuras recaídas. Incluso en el mundo del deporte es recomendable incluir ejercicios de propiocepción en la rutina de entrenamiento como prevención de cierto tipo de lesiones articulares y musculares.