Saneamiento del tracto gastrointestinal mediante la recuperación de la flora intestinal.
La base para la recuperación de la función intestinal se encuentra en el consumo de los alimentos adecuados (véase el punto 6.4.4). Los alimentos específicos con un efecto terapéutico son la col fermentada, las verduras con un contenido elevado de fibrinas (espárragos, espinacas, remolacha), los productos fermentados de leche de cabra, las manzanas ralladas (pectina), la cebolla y una amplia gama de diferentes aceite vegetales, como los aceites de linaza, oliva u onagra. En el caso de trastornos graves del tracto gastrointestinal, del hígado o de ambos, se recomienda la ingesta de alimentos probióticos.
Cada vez más expertos confirman los efectos positivos del consumo de alimentos prebióticos y probióticos (nombre común: simbióticos) en la salud de las personas (Teitelbaum 2002). La primera prueba de los beneficios de las bacterias de los alimentos para la salud procede de la época en la que se escribió el equivalente persa del Antiguo Testamento. En el libro primero de Moisés (Génesis, 18:8) puede leerse: ?Y tomando leche cuajada y leche recién ordeñada y el ternero ya dispuesto, se lo puso todo delante y él se quedó junto a ellos debajo del árbol, mientras comían?. En el año 76 a.C. el historiador romano Plinio recomendaba los productos lácteos fermentados para el tratamiento de las gastroenteritis (Schrezenenmeir 2001). El ruso Elie Metchnikoff, premio Nobel de medicina, sugirió en 1908 que los campesinos búlgaros vivían muchos años gracias al kéfir. Este producto lácteo, rico en lactobacilos, le ?agriaría? la vida a los microorganismos patológicos (Teitelbaum 2002). Estas observaciones han originado el término ?probiótico?, que procede del griego y significa ?para la vida?.
El término ?probiótico? se emplea actualmente para designar:
?un producto o una preparación que suministra suficientes microorganismos vivos bien definidos, que pueden modificar la microflora en una cavidad determinada del huésped (ya sea mediante implantación o colonización). Estas alteraciones mejoran la salud del receptor?
Se ha evidenciado que los alimentos probióticos pueden influir positivamente en muchos procesos metabólicos, inmunitarios, neurológicos y/o endocrinos (véase la tabla 6).
Los alimentos probióticos tienen un efecto positivo importante en la evolución de numerosos cuadros clínicos y patologías. Cabe citar como ejemplo: colitis ulcerosa (Folwaczny 2000), enfermedad de Crohn (Hart 2003), diarreas (Alam 2003, Szajewska 2001), síndrome de fatiga crónica (y enfermedades relacionadas con el cansancio, Gruenwald 2002), Heliobacter pylori (Aiba 1998), alteraciones causadas por antibióticos (D´Souza 2002, Jirapinyo 2002), alergias (Moro 2002, Montalto 2002), autismo y otras alteraciones del sistema nervioso central (Brudnak 2002, Garvey 2002), cuadros clínicos (auto)inmunitarios como la artritis reumatoide (Shanahan 2000), dolor y síndrome de malabsorción (Scholz-Ahrens 2001).


El efecto más claro de los alimentos probióticos se observa en combinación con los prebióticos. Los alimentos prebióticos se definen como:
?Alimentos apenas digeribles con efecto positivo en la salud del receptor gracias a la estimulación del crecimiento o la activación de una o más cepas de microorganismos beneficiosos en el intestino. Tienen un efecto simbiótico.?
Un buen ejemplo de un alimento prebiótico es la pectina presente en las manzanas y las cebollas. Con el fin de liberar la pectina, es preciso rallar las manzanas con la piel. Las cebollas pueden consumirse tanto crudas como preparadas con calor.
Cuando se consuman alimentos probióticos deben tenerse en cuenta los siguientes datos:
1. Momento de la ingestión (en el desayuno o poco antes de acostarse) El alimento probiótico debería tomarse en ayunas disuelto en agua. Las bacterias saludables pasan más rápidamente al estómago sin eliminar los jugos gástricos.
2. Tipo del alimento probiótico Muchos estudios (véase un resumen en: Pruimboom 2003) han demostrado que en un buen probiótico deberían encontrarse diversas cepas. Esto significa que el probiótico debería contener al menos 5 cepas saludables.
3. Duración del tratamiento: aproximadamente un mes
Resumen y conclusiones
El dolor y los síndromes de dolor se observan frecuentemente en procesos inflamatorios que pueden desarrollarse tanto de forma local como sistémica. Antes del inicio del tratamiento con alimentos y/o suplementos alimenticios, se recomienda establecer un diagnóstico específico de la sustancia. Para ello pueden recurrirse a los resultados de los tratamientos químicos. El fisioterapeuta puede emplear el modelo diagnóstico empírico. La alimentación debería tener un contenido ?calórico óptimo? y ser hipoalergénica e inhibitoria del dolor. Además, la alimentación seleccionada debería apoyar la función del tracto gastrointestinal y aliviar la carga del hígado. Sólo deberían seleccionarse aquellas intervenciones que optimizan el estado de salud del paciente, disminuyen la sensibilidad al dolor y fomentan positivamente la efectividad de otras intervenciones utilizadas.










