Alteraciones de los parámetros del sistema de defensa debido a la práctica de un deporte de alto nivel
A nivel macroscópico, se puede observar que el número de infecciones en practicantes de un deporte a nivel moderado, en comparación con un grupo de control inactivo, es considerablemente más bajo. Estudios de Heath y otros (1989) y de Niemann y otros (1990, 1993) confirman los resultados de las investigaciones de Liesen y otros (1997). Sólo el 5% de los deportistas examinados indicaron que se habían puesto enfermos con más frecuencia después de empezar con la práctica de ejercicio físico moderado (por ejemplo andar 5 veces por semana 45 minutos, Niemann). La figura 6 es una ilustración de esta diferencia:

Sin embargo, centrándonos en deportistas de élite o personas que entrenan de manera intensiva, el cuadro es totalmente diferente. En este caso - por ejemplo en un grupo de corredores de orientación de Suecia (Linde, 1987) - el número de infecciones era notablemente más alto. La figura 7 muestra los resultados de una investigación entre corredores de maratón. Por lo tanto, parece ser que las personas que practican deportes a un nivel muy intensivo provocan más bien daños a su sistema de defensa, o bien por insuficiente regeneración, o bien por insuficiente aporte de aquellos nutrientes que son de importancia para el funcionamiento del sistema de defensa (véase capítulo 4).

En la figura 8 vemos que el volumen de la carga juega un papel esencial:

Si en preparación del maratón, los atletas corren más de aprox. 100 km por semana, entonces el riesgo de enfermar es casi el doble de grande que si corren sólo aprox. 45 km por semana para entrenarse.

Los atletas que terminan una competición con un buen resultado habrán entrenado en general de forma más intensiva. Por lo tanto, también es lógico, en vistas del resultado mostrado en la figura 8, que estos atletas se ponen enfermos con más frecuencia en la primera semana después del maratón.
Para el concepto terapéutico es de importancia que una infección (gripe) tendrá en general en un atleta, un cuadro clínico y un desarrollo de la enfermedad diferente (más grave) que en una persona que no practica ningún deporte de forma intensiva:
Las diferencias más importantes (Uhlenbruck, 1996) son:
- Los resultados de la sedimentación en sangre son más altos
- La fiebre y la sensación de desgana son más intensivas (en un atleta, la enfermedad tiene más virulencia)
- La duración de la enfermedad es mayor, así como de la convalecencia. Se recomienda hacer un control ECG antes de empezar de nuevo con entrenamientos intensivos
- Hay más riesgo de que se produzcan reacciones organotrofos: una suprainfección del músculo o de las válvulas del corazón, por ejemplo (la mayoría de las veces por el virus Coxsacie-B). En el músculo cardíaco de un atleta bien entrenado hay más presencia de moléculas de adhesión
- Vigilar bien con respecto a coinfecciones y superinfecciones
- En caso de enfermedades de larga duración, se puede producir un síndrome que es consecuencia de la falta de entrenamiento: desajustes del ritmo cardíaco, cambio en la imagen del ECG, comportamiento depresivo, inquietud y ansiedad como consecuencia de una larga interrupción de los entrenamientos, etc.
En la siguiente parte entraremos más a fondo en cuales son los cambios que se producen en los parámetros del sistema de defensa. Una investigación bajo circunstancias estandarizadas resulta interesante en este aspecto. Personas entrenadas corrieron durante o bien 60 minutos con una intensidad que corresponde a un consumo de oxígeno del 60% de la cantidad máxima de oxígeno que la persona puede absorber en un minuto (VO2 max), o 20 minutos con una intensidad del 80% VO2max. También esta última intensidad se encuentra todavía claramente en la zona aeróbica.
Podemos suponer que atletas bien entrenados realizan normalmente el 85% de sus entrenamientos con intensidades de entre el 64% y el 85% VO2 max. Sin embargo, vemos que estas diferencias - bastante pequeñas - en intensidad de entrenamiento producen un cuadro muy diferente en cuanto a las adaptaciones de los parámetros del sistema de defensa. Sobre todo después de la carga, en situación de reposo, el sistema de defensa se va a comportar de una manera muy distinta. Una carga más intensiva produce después de 6 horas después de la carga todavía un cuadro inmunodepresivo, mientras que una carga de baja intensidad produce claramente una sobrecompensación al cabo de 6 horas (véase figura 10). Por lo tanto, la consecuencia práctica es que las personas que practican un deporte de forma moderada pero regular consiguen una mejora en su función inmunológica, mientras que la práctica intensiva de deportes, sobre todo cuando los valores de lactato superan los 8 - 10 mmol/l, efectúan más bien presión sobre el sistema inmunológico.

Si nos fijamos detenidamente en los resultados, podemos observar que:
- En caso de entrenamientos moderados, el grupo de CD 3 + (T-linfocitos) es el que más se modifica, sobre todo porque el subgrupo CD 4 + se reduce. Estas células del sistema de defensa específico desaparecen en su gran mayoría de la corriente sanguínea para ir a buscar tareas en los tejidos. En el tiempo intermedio que es necesario para llegar a una reacción específica, el número de células NK (no específicas) aumenta. Los linfocitos B y sus productos disminuyen. Sobre todo los valores del IgA secretora (s-IgA) bajan, también según el estudio de Berg y otros (2000). Esto resulta en una menor capacidad de defensa, sobre todo de las mucosas (bronquios) y por consiguiente un mayor riesgo de infecciones.
- Después de 6 horas, resulta que el sistema de defensa está reforzado. Sobre todo la población de CD 3 + (de nuevo principalmente por el aumento del subgrupo regulador CD 4 + ) ha aumentado; también los anticuerpos Ig circulan en mayor número: el sistema de defensa se encuentra en situación de sobrecompensación. El siguiente entrenamiento podría tener lugar de forma óptima aprox. al cabo de 24 horas. También resulta interesante que es precisamente esta intensidad (50 - 60% VO2 max) que resulta ser óptima para perder el exceso de peso. Con esta intensidad quemamos sobre todo grasas. La investigaciones propias han demostrado que esta intensidad equivale a unos valores de lactato de aprox. 1,5 a 2,5 mmol/l de ácido láctico.
- En caso de entrenamientos que sólo son un poco más intensivos (con valores de lactato hasta 3,75 mmol/l), el cuadro durante la carga es más o menos idéntico al de un entrenamiento moderado. Los linfocitos B y sus productos disminuyen de forma drástica pero después de 6 horas vuelven a estar normalizados.
- La gran diferencia es que después de 6 horas no sólo no se ha producido ninguna sobrecompensación, sino que el sistema inmunológico se encuentra todavía en una fase de actividad disminuida. También en este caso son los linfocitos T (CD 3
+) que muestran la alteración y eso porque el subgrupo citotóxico o regulador (CD 8 +) todavía se encuentra disminuido.
Una publicación algo más amplia de los propios resultados de las investigaciones realizadas podemos encontrar en este artículo de Lötzerich y otros, de la Cátedra de Inmunología de la Universidad de Colonia, que incluyo aquí en su totalidad.









