Ejercicio físico y el sistema inmunológico

El deporte y el sistema inmunológico

Escrito por Dr. Bram van Dam Martes 13 de Octubre de 2009 21:59

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El deporte y el sistema inmunológico

La práctica regular de un deporte está relacionado con una serie de fenómenos de adaptación físicos, bioquímicos y psíquicos, cuya consecuencia es frecuentemente una mejora de la salud básica.

Hasta la actualidad, la fisiología deportiva se ha centrado principalmente en la influencia del deporte sobre los músculos y el sistema cardiovascular. Pero en los últimos años los problemas inmunológicos están cobrando cada vez más importancia. Muchas personas sólo se concienciaron del significado especial que tiene el sistema inmunológico para la salud por las campañas de información que se hicieron imprescindibles cuando la enfermedad del SIDA se convirtió cada vez más en una amenaza.

En el centro de la atención está ahora la influencia de las cargas físicas sobre el sistema inmunológico, no sólo de personas sanas que practican deportes como una actividad de ocio o incluso a nivel de competición, sino también de personas enfermas y convalecientes.

El ejercicio físico y los deportes causan un sistema inmunológico con un funcionamiento temporalmente mejor, lo cual es demostrable de forma cuantitativa y cualitativa tanto a nivel celular como a nivel humoral. Sobre todo la movilización y la activación de los fagocitos y de las células asesinas naturales mejoran durante un tiempo reducido los mecanismos de defensa no específicas. La respuesta del sistema inmunológico sobre el estrés físico es comparable con su reacción sobre una infección (véase tabla 1).

Registramos una breve activación que se puede interpretar como una estimulación. En caso de una intensidad de carga igual, la reacción de los deportistas bien entrenados no es tan fuerte como la de las personas no entrenadas. Pero los valores de partida del primer grupo se encuentran en general a un nivel superior. Esto se puede interpretar como una consecuencia de la adaptación a los estímulos de carga. En reposo, los valores inmunológicos tanto de las personas entrenadas como de las no entrenadas se encuentran en su mayoría dentro del marco de los valores de referencia, aunque muchas veces encontramos menos leucocitos en la sangre de los deportistas. A cambio, resulta posible demostrar, con ayuda de unas pruebas funcionales, una mayor actividad de los leucocitos en los deportistas.

Pero es curioso que en la literatura encontramos muchas indicaciones de una mayor incidencia de enfermedades infecciosas en deportistas de élite, sobre todo en fases de cargas psíquicas y físicas muy altas, por ejemplo justo antes de importantes competiciones. Los cuadros clínicos que se encuentran frecuentemente son de las vías respiratorias altas o del tracto estómago-intestinal, y posiblemente no tengan que ver en principio con la carga física, sino más bien con una coincidencia de factores inmunológicamente desfavorables, que se producen con frecuencia en el marco del deporte de alto nivel. Dentro del deporte de élite se trata por ejemplo de falta de vitaminas, minerales y oligoelementos y una deficiente forma de aporte de agua. Tampoco ni se come ni se duerme suficientemente. Los viajes necesarios para acudir a competiciones y campos de entrenamiento internacionales causan muchas veces ‘jetlag', cambios de clima y/o adaptaciones a gran altura o a un régimen de alimentación diferente.

Desde el punto de vista inmunológico hay que añadir además que los deportistas son confrontados frecuentemente con ‘nuevos' antígenos, es decir, que las células de defensa entran en contacto con gérmenes patógenos que todavía son desconocidos para las células inmunológicas de memoria. Además, situaciones de conflictos psíquicos y problemas también juegan un papel. Vemos pues que la mayor incidencia de infecciones puede tener varias causas. El conocimiento de estas causas, junto con unos controles inmunológicos regulares, puede ser una profilaxis de buen funcionamiento, mediante el cual se puede evitar las enfermedades infecciosas o acorta la duración de la enfermedad o del proceso de curación.

El deporte de élite es un ejemplo para el comportamiento de grandes partes de la población para la ocupación de su tiempo libre. Mucha gente es motivada por los deportistas de alto nivel para también (empezar a) practicar un deporte. Al observar a estas personas, vemos que los efectos inmunológicos del deporte de élite sobre ella no destacan tan claramente, porque la duración y la intensidad de su práctica son mucho más reducidas.

Las personas que practican un deporte como ‘hobby', tienen muchas veces una mayor conciencia de su cuerpo y eso puede a su vez tener una influencia positiva sobre la forma de vida y el comportamiento diario desde el punto de vista de la salud. El efecto positivo de la práctica regular de algún deporte sobre el sistema inmunológico podemos ver de forma clarísima en personas que tienen el SIDA o cáncer. En este caso, una práctica regular de ejercicio físico causa una estabilización tanto inmunológica como psíquica. Así queda claro (PNI) que la influencia positiva de la práctica de deportes sobre el sistema inmunológico no se puede considerar de forma aislada: todo el organismo reacciona a una carga física. También otros órganos y sistemas de órganos se aprovechan también de ello, y a su vez influyen de nuevo positivamente sobre la capacidad de reacción del sistema inmunológico.

Para la convalecencia, la interacción entre la psique y el sistema inmunológico tiene una importancia especial, ya que la estabilidad psicológica es positiva a nivel inmunológico. Al contrario, emociones como la ansiedad y la tristeza pueden tener una influencia extremadamente negativa sobre el desarrollo de un cuadro clínico. Esta interacción se está estudiando en el marco de la inmunología psico-neurológica, una ciencia todavía muy joven.

Pero también en personas sanas la estabilidad entre la psique y el sistema inmunológico puede acortar la duración de las fases inmunosupresivas que eventualmente pueden ocurrir en el transcurso de la vida. Esto es una forma importante de prevención del cáncer. Esta interacción se ve confirmada por los resultados de varios estudios epidemiológicos, que investigan por una parte la relación entre la actividad física (durante el desempeño de una profesión o en el tiempo de ocio), y por otra parte la prevención de cáncer. Aquí se puede observar claramente que el deporte tiene un efecto positivo sobre la psique y que por lo tanto también tiene un claro efecto sobre la incidencia de cáncer. Sólo por eso ya se recomienda encarecidamente desde el punto de vista de la inmunología la práctica regular de algún deporte.

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Tabla 1: Reacción del sistema inmunológico en deportes e infecciones (activación +: ligera, ++: mediana, +++: fuerte)

Si observamos los cambios de los parámetros del sistema inmunológico más de cerca, se ve que sobre todo el sistema de defensa no específico reacciona muy deprisa. Esto es lógico porque, tal y como vimos en un capítulo anterior, los procesos de activación del sistema específico pueden durar algunos días.

La primera reacción consiste en una infiltración de macrófagos, células NK y células T en los correspondientes tejidos. Estas células son activadas in situ con ayuda de citoquinas. De este modo, sobre todo IL 6 provoca un número de reacciones que en parte son positivas para el atleta, y en parte negativa. Los neutrófilos y los macrófagos son activados, pero no en todas partes. Podemos por ejemplo constatar una actividad claramente reducida de macrófagos en la cavidad nasal. Esto, unido a una disminución de la secreción de s-IgA, aumenta el peligro de (URTI)" (infecciones de la parte superior de las vías respiratorias) para atletas que practican su deporte en un ambiente frío al aire libre.

Además se puede observar una fuerte reacción humoral. Las proteínas de fase aguda aumentan claramente (proteína C reactiva, la CRP, un factor humoral del sistema de complemento) y a través de IL 1 vemos un cuadro clínico que se parece a fiebre. La células NK se activan por el aumento de TNF ?..

También la estructura de la membrana de muchas células se altera, en el sentido de que la actividad de defensa va en aumento. Vemos un aumento de los receptores (tanto receptores combinados como disolubles) para IL 1 e IL 2. La figura 11 muestra los resultados de un estudio con respecto a este parámetro (Liesen, 1997). También se sintetizan más moléculas de adhesión en la membrana, lo que aumenta la posibilidad de migración de un número de tipos de células, como por ejemplo los neutrófilos y los macrófagos.

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Figura 11: Modificaciones de receptores de interleucinas antes y después de la carga


Una reacción demasiado violenta del sistema de defensa ya es inhibida en el mismo momento, por la producción de un número de hormonas tisulares reguladores (prostaglandina E2) y hormonas esteroides como el cortisol. Quizá se ha de interpretar también en este sentido el aumento del número de receptores IL 2 solubles, porque este fenómeno al fin y al cabo disminuye la combinación de IL 2 con la célula, y por consiguiente también su activación.

Bajo cargas extremas vemos un número de reacciones que se han de interpretar como de supresión del sistema inmunológico: la funcionalidad de las células NK, B, y T disminuye, sobre todo con cargas que van unidas a una gran producción de ácido láctico (anaeróbicas). Además se observa una disminución drástica de los valores de glutamina en plasma, porque la glutamina L se utiliza tanto en el intestino como en el sistema de defensa y también en el tejido muscular. Esto podría ser el motivo de las numerosas afecciones estomacales e intestinales que se constatan regularmente sobre todo en personas que practican deportes de resistencia (Berg, 2000). Además, los deportes anaeróbicos causan una „oxidative burst" (explosión oxidativa): un fuerte incremento del número de radicales libres producidos. Esto puede llevar fácilmente al agotamiento de las reservas de ‘scavanger'.

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El deporte intensivo (anaeróbico) aumenta por un número de razones la cantidad de radicales libres:

  • Al producir ATP aumenta el número de electrones libres (e-) que pueden formar, uniéndose al óxido, el superóxido anion
  • El ácido láctico es en sí un oxidante, los iones H+ pueden unirse a todos los radicales libres presentes, formando radicales aún más peligrosos (por ejemplo el radical OOH*)
  • El aumento del volumen de ventilación incrementa la aspiración de los radicales libres presentes en el aire aspirado. En consecuencia vemos por ejemplo en ciclistas una disminución de la reserva de glutatión en el tejido pulmonar de nada menos que el 80 % (Pyke, 1986).
  • La contracción de los músculos con más del 50 % del Fmax tiene como consecuencia una interrupción del riego sanguíneo en un 80 a 100 %. La relajación de los músculos (como se produce frecuentemente en entrenamientos de fuerza o de intervalos) produce el fenómeno de la reperfusión: un aumento repentino de la entrada de oxígeno.
  • Los daños en los tejidos son el objetivo o la consecuencia de un número de deportes de contacto, como el boxeo, el kárate y el judo. Estos daños de los tejidos hace aumentar el número de radicales libres y activa por ejemplo células del sistema de defensa no específica.
  • Fugas en dichas células o una insuficiente cantidad de scavanger provoca la salida de radicales (por ejemplo de H2O2)
  • El uso de analgésicos después o en caso de lesiones produce más radicales: el paracetamol, el ibuprofeno o el Peroxicam son por ejemplo formadores de radicales

 

En las horas posteriores a la terminación de una carga intensiva, la situación vuelve a cambiar de forma drástica. Esta situación se denomina como una leucopenia, una disminución sobre todo de las células del sistema de defensa no específico. A pesar de que la totalidad de los glóbulos blancos en circulación (en su mayoría neutrófilos) queda en aumento durante 24 horas, se observa que sobre todo las células NK disminuyen hasta por debajo de los valores de reposo. También las células CD 8 + y CD 4 + disminuyen en número. La figura 12 es el resultado de una investigación en este campo. Este fenómeno, que significa un aumento del riesgo de tener una infección se llama "open window", y puede durar hasta dos semanas.

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Figura 12: Después de aprox. 3 horas, los valores de las células CD 4 +, CD 8 + y NK se sitúan por debajo de los valores de partida. En caso de fuertes cargas intensivas se pueden mantener así durante semanas

La causa de este fenómeno ‘open window' es probablemente el aumento de la producción de cortisol, que depende de la carga. Una posible segunda causa, en particular del descenso de la actividad citotóxica de las células NK aún presentes, podría ser una menor síntesis de las „second messenger" c-AMP intracelulares. La figura 13 muestra los resultados de las investigaciones de Liesen y Baum, que apoyan esta teoría.

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Figura 13: La actividad de las células NK (número de ataques por célula) y la producción de c-AMP disminuyen de forma paralela por la carga (* antes de la carga; # después de la carga)

Este fenómeno es prácticamente independiente del estado de entrenamiento de los atletas. Pero podemos observar en reposo una actividad claramente más alta de las células NK en deportistas que han hecho un entrenamiento de resistencia a fondo. También el número de células NK es más alto en estos deportistas (figura 14).

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Figura 14: Los ciclistas tienen más células NK y más activas en reposo que un subgrupo que no ha hecho un entrenamiento de resistencia a fondo.

Por lo tanto, sobre todo el entrenamiento de resistencia lleva a una adaptación a muchos niveles del sistema de defensa. El resultado de la práctica regular de deportes de resistencia, que por encima de todo resulta más interesante, (con un consumo energético de > 2000 kCal por semana = > 3 horas por semana) es que estas personas sufren notablemente menos enfermedades como el cáncer y/o enfermedades cardiovasculares.

Una de las causas de esta mejor adaptación de las células NK podría ser un aumento de la producción de endorfinas (Figura 15)

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Figura 15: Actividad citotóxica de células NK y endorfinas

 

La figura 16 muestra la disminución de las enfermedades cardiovasculares y del cáncer en el grupo de personas que hacen entrenamientos de resistencia a fondo. Pfaffenberger (1984) también lo demuestra.

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Figura 16: Los estudios epidemiológicos demuestran que las personas pertenecientes a la categoría 4 y 5 en cuanto a su estado de entrenamiento de resistencia (volumen de entrenamiento entre 3 y 5 horas a la semana) sufren notablemente menos de enfermedades cardiovasculares y/o cáncer.

 

Sin embargo, la práctica de deportes (de alto nivel) sin cuidar la alimentación y la regeneración, puede tener por la producción de las hormonas del estrés (sobre todo el cortisol) una influencia negativa sobre la función de varios órganos (véase para ello también la función del cortisol, como descrito en varios módulos del año 1). Por ejemplo, la resistencia a la insulina aumenta por una expresión disminuida del receptor de insulina cuando los atletas tienen constantemente unos valores altos de cortisol. Véase figura 17

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