Estatinas y Q10

Sombras sobre los beneficios de las estatinas

Escrito por Itziar Gónzalez de Arriba, Fisioterapeuta, Osteópata y Especialista en Terapia Regenerativa Miércoles 21 de Octubre de 2009 19:59

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Sombras sobre los beneficios de las estatinas

El cálculo del riesgo y el beneficio define un cociente que forma parte de toda estrategia de inversión; pero para los productores de estatinas este cociente no sólo es aplicable a las vicisitudes mercantiles, sino también a la salud de los enfermos que están consumiendo estos agentes. El infarto es la causa principal de hospitalización en personas mayores de 65 años, y durante los últimos 20 años esta circunstancia ha supuesto una inversión millonaria en la producción de estatinas con ganancias valoradas en 20.000 millones de dólares al año, lo que las convierte en los fármacos más rentables de la historia de la medicina.

Investigadores de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) han elaborado un metanálisis reuniendo datos de cinco ensayos independientes de gran envergadura y concluyen, pese a todo, que las estatinas reducen los infartos y los ictus en un exiguo porcentaje (1,4%). Esto significa que de 71 pacientes hipercolesterolémicos tratados preventivamente con estatinas por espacio de cinco años, podría prevenirse un solo caso de infarto o ictus. No es que su tasa de efectos secundarios sea relevante (1,8%). Pero sí que lo es que dicha tasa de complicaciones supere la capacidad para prevenir un ictus o un infarto. No obstante, se debe tener en cuenta que las estatinas no se administran por separado, sino formando parte de un cóctel consensuado por las principales sociedades de cardiología y que eleva el listón preventivo a cifras mucho más respetables.

Sin embargo, no se trata en ningún caso de una panacea gratuita. Peter Langsjoen (Universidad de Texas) ha identificado una relación entre el elevado incremento del uso de estatinas y un aumento en la incidencia de insuficiencia cardiaca congestiva. El experto, que ha llegado a bautizar este fenómeno como «miocardiopatía causada por estatinas», culpa a estos agentes de inhibir la coenzima Q10 y, por esta vía, desencadenar también un infarto. En 1985, Karl Folkers había demostrado que en tejidos infartados había un nivel reducido de coenzima Q10 y que a menor nivel de esta enzima, peor es el infarto. El 5 de septiembre del 2001, una carta de 14 expertos internacionales dirigida a la Food and Drug Administration (FDA) estadounidense rezaba: «Es apremiantemente preciso que la comunidad científica [...] y los organismos reguladores se aseguren de que no estemos creando, involuntariamente, un déficit que representa un peligro para la vida [...] en muchos millones de pacientes». Cinco años después, las estatinas se siguen prescribiendo de forma preventiva en todo el mundo bajo el convencimiento de que el beneficio que proporcionan es muy superior al riesgo que podrían implicar.



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