Las nuevas indicaciones de las estatinas
El uso preventivo de las estatinas, concebidas para combatir eventos cardiovasculares, sigue creciendo pese a que su beneficio real aún no se ha establecido.
Las estatinas, unos agentes diseñados en principio para reducir los niveles de colesterol, llevan camino de convertirse en una de las grandes referencias farmacológicas. Tanto se están ampliando sus indicaciones que incluso se ha propuesto enriquecer el agua corriente de las ciudades estadounidenses con estos fármacos. Su indicación más reciente, el tratamiento antibiótico.
El tratamiento para la prevención de la hipercolesterolemia ha dejado de ser el único objetivo de las estatinas, que son los medicamentos originalmente diseñados con este fin. Expertos españoles han desentrañado su posible eficacia en el tratamiento del VIH.
Los mismos expertos son los responsables del hallazgo de sus efectos anticancerígenos o sus beneficios para reducir diversos trastornos de naturaleza inflamatoria. Estos hallazgos se han ido desprendiendo de las investigaciones realizadas para sacar agua clara de los efectos de estos fármacos. Por ahora, su indicación oficial, según las instancias reglamentarias, se circunscribe sólo a las enfermedades cardiovasculares, no sólo por su capacidad para reducir los niveles de colesterol elevados, sino por su eficacia en prevenir el desarrollo de aterosclerosis, isquemia coronaria y paro cardiaco.
La primera indicación complementaria fue publicada por Steven E. Niessen (Cleveland, Ohio) en la revista New England Journal of Medicine. En su trabajo el investigador señala que estos fármacos ejercen también una acción frente a la proteína C reactiva y la reperfusión sanguínea, factores íntimamente ligados al riesgo cardiovascular. Niessen, que acuñó esta circunstancia bajo la expresión de «efecto pleiotrópico de las estatinas», no hizo sino abrir con desmesurado optimismo una puerta a la especulación sobre el potencial de las estatinas como agentes antiinflamatorios, a la par que cardioprotectores. En la misma publicación se lamentaba de que tanto en Europa como en Estados Unidos, «sólo entre el 30% y el 50% de los pacientes aptos» para el tratamiento con estatinas estuviera recibiendo esta terapia.









