El poder destructor del cortisol
Por naturaleza, el estrés es una función ergotrófica que paraliza todas las demás funciones del organismo para poder responder a las demandas de alerta.
Esto se produce gracias a la elevación de los niveles de cortisol, hormona que facilita la conversión de Dopamina en Noradrenalina gracias a la enzima dopamina-beta-hidroxilasa, lo que aumenta las provisiones de adrenalina necesarias para responder a una situación estresante.

Gráfico 1. Cadena metabólica de la Adrenalina.
Este proceso es fisiológico y necesario en situaciones de estrés puntual. El problema surge en circunstancias de estrés crónico, cuando la demanda de adrenalina se alarga en exceso y la dopamina se agota. Es entonces cuando el cortisol, siendo ergotrófico, comienza a manifestar sus efectos más destructores, ya que al no desviarse para la metabolización de adrenalina por falta de dopamina, se acumula en exceso y paraliza todos los procesos de regeneración celular del organismo, incluyendo la mucosa del tubo digestivo y las células del sistema inmunológico.
La competencia entre las hormonas ergotróficas y las hormonas trofotróficas
El cortisol es antagonista de las hormonas trofotróficas encargadas de la regeneración de los tejidos del organismo, incluidos los del sistema inmunológico y de los de la mucosa intestinal.
Por eso, cuando el estrés hace su aparición, surgen síntomas de diversa índole, relacionados todos ellos, con un trastorno en los sistemas de regeneración del organismo que se pueden manifestar en trastornos digestivos, dermatológicos, del sueño y en una disminución general de las defensas, lo que abre las puertas a las infecciones y las alergias.
El estrés crónico también puede provocar cuadros depresivos y alteraciones del sueño por la disminución de los niveles de serotonina y/o dopamina.
Es importante señalar que, en el caso de las mujeres, el estrés provoca también un aumento de la prolactina.

La competencia entre el cortisol y las hormonas regenerativas se debe a que ambas tienen un padre común del que proceden: el colesterol.
Cuando aparece estrés, el colesterol es metabolizado en cortisol de forma masiva, sin dejar suficiente para la producción de hormonas trofotróficas. Este hecho explica también, por qué el aumento de cortisol reduce los niveles de hormonas sexuales y provoca una disminución de la líbido y de la capacidad reproductiva y regenerativa, tanto en hombres como en mujeres, como se puede observar en los siguientes gráficos:

En el siguiente gráfico podemos observar por qué el cortisol deprime los procesos trofotróficos de regeneración cuando se presenta un cuadro de estrés.










