Rotura de fibras

Esta lesión se produce cuando hemos ultrapasado la elasticidad fisiológica de un vientre muscular y existe una lesión micro o macroscópica. Es decir hay lesión anatómica de la fibra muscular.

punto-doloroso-concreto

Existen varias clasificaciones de las roturas musculares. Nosotros vamos a seguir la siguiente:

Rotura grado I, microrotura o tirón: son casos menos graves donde no hay una pérdida de solución de continuidad de las fibras.
Rotura grado II: es una rotura superior a la anterior donde ya puede haber una alteración de la morfología local del músculo, es decir, cambio en su forma. En este caso existe una solución de continuidad macroscópica de las fibras musculares pero sin afectar por completo al cuerpo muscular.
Rotura grado III o desgarro muscular: es la ruptura completa de un músculo. Esta ya es una lesión grave que necesita una valoración quirúrgica. De hecho cuando las roturas de segundo grado superan el 30% de cuerpo muscular, según el deporte que se practique también pueden llegar a necesitar una intervención quirúrgica.

Diagnóstico: signos y síntomas principales

Tirón o rotura de grado I:

• Es un dolor que aparece de forma intensa, brusca e instantáneamente al gesto lesional.
• Se nota un pinchazo muy localizado, agudo, vivo, que durante el interrogatorio referirá con mucho detalle.
• Hay impotencia funcional del músculo dañado.
• Normalmente no se puede acabar la actividad deportiva, el deportista puede llegar a caer al suelo e incorporarse con dificultad.
rotura-de-los-isquiotibiales• El dolor aumentará con la marcha y persistirá en reposo.
• Al poco tiempo de la lesión aparece una tumefacción circunscrita al lugar de la lesión.
Puede aparecer equimosis (hematoma) por debajo del nivel de la lesión. Esto puede producirse entre las 24 horas después de la lesión hasta los 5 o 6 días si la lesión es más profunda.
• En cuanto a la palpación existe un punto doloroso muy concreto que el paciente puede señalar con la punta del dedo. Se puede notar incluso un pequeño decalaje a nivel del músculo especialmente si es un musculo superficial.
• Los movimientos pasivos pueden estar alterados si la lesión es muy evidente. Existe dolor a la contracción isométrica y todos los test activos y contrarresistencia son positivos.

Rotura grado II y III:

• Aquí se produce el signo de la pedrada, la persona que sufre esta lesión la identifica como si alguien le hubiese golpeado con una piedra. Se siente después de un movimiento brusco de gran intensidad con sensación de desgarramiento.
• Seguro que hay impotencia funcional, no podemos realizar ninguna actividad con el músculo en cuestión
• Es un dolor vivo, agudo, lacerante y violento. Una vez instaurado no disminuye ni con el reposo.
• Existe una tumoración y el signo del hachazo un claro decalaje en el vientre muscular, esto puede no ser evidente si el musculo que sufre la lesión es profundo.
Siempre aparecen un hematoma y equimosis posteriores a esta lesión, desde nuestra experiencia es bueno que así sea ya que si el sangrado sale al exterior podemos realizar su proceso de reabsorción y limpieza, mientras que si queda entre estructuras dentro de un vientre muscular, la tendencia puede ser a encapsularlo y puede quedar un hematoma interno que dificulte la recuperación de la lesión.

• En estos casos hay una interrupción de los haces musculares y existe una masa palpable y dolorosa en la zona de retracción que se produce en los extremos de la zona de ruptura. Esta retracción se produce por la contracción activa del propio musculo.
• Los test de movilidad no son posibles o resultan muy dolorosos.hematoma-postrotura-de-fibras

• A veces es difícil la identificación y catalogación del grado de estas roturas. Si es así, lo ideal es realizar una prueba diagnóstica de imagen que clarifique la intensidad de la rotura.

Proponemos abordar las lesiones musculares con una óptica más movilista

Las roturas de grado I y II son tratables con fisioterapia, las roturas de grado II muy amplias o las de grado III deben ser valoradas por el traumatólogo por si procediese una intervención quirúrgica.

En las roturas de grado I y II la forma de proceder puede ser muy parecidaadaptándonos a la sintomatología de cada una y respetando los plazos que evidentemente serán mayores en las roturas de grado II que en el tirón muscular.

Nosotros nos decantamos por una recuperación activa con la utilización de técnicas de fisioterapia combinada con un protocolo de actividad aérobica de la zona lesionada.

En un primer momento, utilizaríamos la crioterapia, electroterapia antiálgica, drenaje para normalizar la zona. También solemos utilizar masoterapia, técnicas miofasciales y de inhibición pero nunca sobre el foco de lesión, sino en las zonas adyacentes para normalizar el tono del músculo. Podemos utilizar el vendaje neuromuscular para alinear las fibras para su correcta regeneración, así como técnicas de estimulación de la regeneración de tejidos como por ejemplo el láser. Ya en esta fase empezamos con el protocolo de actividad aérobica que comprende un periodo de tiempo de marcha, contracciones isométricas (ver ilustración de portada) y estiramiento activo, siempre por debajo de la molestia que es lo que nos marcaría que no estamos agravando la lesión. Para ello podemos valernos de nuevo de métodos como el vendaje neuromuscular.

Un ejemplo de procedimiento para el tratamiento desde el inicio de una rotura de fibras grado I o II podría ser:

• Desde el momento de la lesión hasta las 24 horas después: 
o Crioterapia de la forma ya indicada
o Vendaje neuromuscular o vendaje funcional cerrado circular
o Marcha por zona llama y siempre por debajo del dolor para ello podemos utilizar ayudas como vendaje neuromuscular, o incluso alguna alza si la lesión es en el tríceps sural.

• El segundo día de lesión:
o Electroestimulación
o Realización de ejercicios de contracción isométrica de la zona lesionada.
o Estiramientos activos por debajo del umbral del dolor
o Crioterapia
o Masaje de drenaje
o Vendaje funcional o neuromuscular
o Marcha por zona llana

• Al 5º día
o Todo el tratamiento anterior
o Sumamos 20 minutos de marcha a mayor ritmo
o Si el paciente es deportista sería carrera continua como hemos comentado varias veces respetando que no exista dolor, sería aceptable las pequeñas molestias, pero nunca sensación de pinchazo o dolor.

•Del 5º día hasta el día 21º en la mayoría de los casos:
o Tratamiento anterior
o Progresión en la actividad aeróbica, en las contracciones y en los estiramientos, esto significa que siempre siguiendo la regla del no dolor debemos ir aumentando nuestra actividad.
o Cuando la carrera continua no genere ninguna molestia, empezamos a realizar pequeños cambios de ritmo y de dirección, aumentando la intensidad de forma muy progresiva. Cuando esto no generé ningún dolor podemos realizar saltos, arrancadas, frenadas y sprints hasta la vuelta paulatina a la actividad deportiva.
o En cuanto al trabajo de fuerza de la zona cuando las contracciones isométricas no generen ninguna molestia, progresaremos a realizar contracciones concéntricas, para terminar con las excéntricas.
o Por último los estiramientos pasarán de ser activos mediante la contracción del antagonista a ser pasivos, siempre respetando el que exista tirantez muscular pero no dolor de la zona lesionada.

Tradicionalmente hemos tenido la noción de que el músculo estriado es incapaz de desarrollar una regeneración funcional después de un traumatismo y es necesario inmovilizarlo hasta la cicatrización y después movilizarlo prudentemente. Pues bien, partiendo de las constataciones lesionales, de la clínica y de los trabajos de Jarvinen otros criterios prevalecen claramente por sus resultados ante la tradicional inmovilización:

actividad-aerobica-controlada

 El dolor es necesario tratarlo lo antes posible para romper la conocida como “espiral infernal”, el círculo vicioso que crea la contractura-dolor-contractura. Por ello son fundamentales las técnicas ya descritas como: crioterapia, drenaje linfático, masoterapia suave en zonas circundantes, vendaje neuromuscular, electroestimulación…

• Es necesario evitar la instalación de un hematoma, hay que permitir y potenciar su rápida difusión y eliminación. Para ello es importante técnicas como el drenaje linfático, el vendaje neuromuscular linfático y sobretodo la actividad aeróbica de la zona que permite la llegada de más sangre que recoja los productos de desecho. De ahí la importancia de las contracciones isométricas y la marcha por zona llana y por debajo del umbral del dolor.

La vascularización es indispensable en la regeneración tisular y cicatricial. Por lo tanto, fundamental la existencia de esta actividad aeróbica que aumenta dicha vascularización. De hecho según las teorías de Jarvinen la velocidad de regeneración se relaciona directamente con el metabolismo aérobico del músculo lesionado.

• Los estiramientos activos facilitarán la orientación de las nuevas fibras. El objetivo de nuestra terapéutica debe ir encaminada a restaurar las cualidades mecánicas del músculo lesionado alrededor de la semana después de la lesión. Esto según las teorías de Jarvinen solo es posible con una movilización precoz, si existe inmovilización este proceso tardaría al menos 3 semanas. Este fenómeno es aún más cierto en sujetos jóvenes.

Resumiendo, proponemos abordar las lesiones musculares con una óptica más movilista, iniciando el tratamiento de forma precoz y con dos premisas fundamentales:

Respetar la fase inflamatoria de la lesión, es decir evitar la toma de aines en los primeros días ya que esto podría poner obstáculos en el proceso de limpieza del foco de la lesión y retardar la cicatrización, además pueden favorecer el sangrado en la zona de lesionada.

cyriax-en-isquiotibiales

Promover una recuperación activa desde el primer momento de lesión:
o utilizando medidas de control del edema y del dolor.
o Programar una progresión de ejercicios de contracción isométrica, estiramientos y aérobicos (marcha, carrera) que estimulen una correcta y rápida regeneración muscular. Respetando siempre el umbral del dolor.

Esta es la forma ideal de actuación que nos permite dirigir y controlar los propios mecanismos del cuerpo para la regeneración muscular. El problema es que en muchas ocasiones las roturas de fibras nos llegan después de una inmovilización prolongada, o como mínimo después de varios días de haber sufrido la lesión. En la mayoría de estos casos existe una cicatriz en la zona de la rotura, que en muchas ocasiones produce dolor o predispone a recidivas.

Nuestra forma de proceder suele ser el reagudizar la lesión con técnicas como el Cyriax, para de nuevo volver al tratamiento descrito anteriormente siguiendo los pasos de la regeneración muscular. Intentando evitar de esta manera procesos anormales de cicatrización que puedan ser una solución a corto plazo pero que posiblemente creen procesos recidivantes que puedan terminar cronificándose.

Aportación de otras técnicas

Kinesiología holística: si sufrimos lesiones musculares de forma recidivante, podemos testar si existe algún factor emocional, químico o energético relacionado con esta problemática.Asimismo, podemos testar si existen otras lesiones estructurales asociadas que condicionan esta fragilidad muscular. La existencia de intoxicaciones, mal funcionamiento del hígado, carencias de vitaminas (sobre todo del grupo B) o falta de minerales, (calcio, potasio, magnesio…) pueden predisponernos a sufrir continuos problemas musculares. Con la kinesiología podríamos testar si algunos de estos factores es prioritario de tratar para mejorar de nuestros problemas musculares o lo que es más importante evitar la tendencia a sufrir dichos problemas.

Reeducación Postural Global: como otros métodos de estiramiento nos puede proporcionar una salud muscular adecuada, sobre todo como prevención para no sufrir este tipo de lesiones.

Vendaje neuromuscular: esta técnica nos puede facilitar tanto la recuperación de la lesión como la protección en un primer momento de vuelta a la actividad.

Terapia regenerativa: Nutrición para la recuperación ante una lesión muscular

Nuestras recomendaciones

Van encaminadas sobre todo hacia la prevención con medidas como:

  • Una buena hidratación
  • Adecuados hábitos alimentarios
  • Rutina de calentamiento antes de la actividad física
  • Realización de sesiones de estiramientos de forma adecuada.

Una vez sufrimos dichas lesiones debemos acudir al fisioterapeuta de forma precoz para asegurarnos una recuperación completa y que además nos asesore sobre una vuelta a la actividad progresiva y controlada.

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